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domingo, 13 de septiembre de 2015
martes, 8 de septiembre de 2015
Los conflictos en Oriente Medio y el Norte de África dejan a 13 millones de niños fuera de la escuela.
Estamos a las puertas de un nuevo curso escolar, pero no todos los niños del mundo se preocupan en este momento de sus libros y mochilas. Porque, directamente, no pueden ir a clase. Los crecientes conflictos y la convulsión política en Oriente Medio y el Norte de África impiden que más de 13 millones de niños vayan a la escuela, según el informe Educación bajo el fuego publicado este jueves por UNICEF.
El estudio está centrado en el impacto de la violencia en los niños en edad escolar y en los sistemas educativos de nueve países -Siria, Iraq, Líbano, Jordania, Turquía, Yemen, Libia, Sudán y el Estado de Palestina- que se han visto directa o indirectamente afectados por la violencia en los últimos tiempos.
El estudio está centrado en el impacto de la violencia en los niños en edad escolar y en los sistemas educativos de nueve países -Siria, Iraq, Líbano, Jordania, Turquía, Yemen, Libia, Sudán y el Estado de Palestina- que se han visto directa o indirectamente afectados por la violencia en los últimos tiempos.
Los ataques a escuelas e instalaciones educativas –a veces deliberados, como los perpetrados por Israel sobre Gaza, donde 216 escuelas fueron alcanzadas por las bombas en el verano de 2014- son uno de los motivos fundamentales por los que los niños no van a clase. Sólo en Siria, Iraq, Yemen y Libia, cerca de 9.000 escuelas están inutilizadas porque han sido dañadas, destruidas, y están siendo utilizadas como refugio para los civiles desplazados o han sido tomadas por las partes del conflicto.
Otro factor para impedir la normal vuelta al cole es el miedo, que lleva a miles de profesores a abandonar sus puestos o hace que los padres no manden a sus hijos a clase por lo que les pueda ocurrir de camino al centro
o en el propio centro.
En Jordania, Líbano y Turquía más de 700.000 niños sirios no pueden ir a la escuela porque la infraestructura educativa nacional está sobrecargada y no puede asumir una carga extra de alumnos.
Otro factor para impedir la normal vuelta al cole es el miedo, que lleva a miles de profesores a abandonar sus puestos o hace que los padres no manden a sus hijos a clase por lo que les pueda ocurrir de camino al centro
o en el propio centro.
En Jordania, Líbano y Turquía más de 700.000 niños sirios no pueden ir a la escuela porque la infraestructura educativa nacional está sobrecargada y no puede asumir una carga extra de alumnos.
“Los niños están experimentando el destructivo impacto del conflicto en toda la región”, sostiene Peter Salama, director regional de UNICEF para Oriente Medio y África del Norte. “No es sólo el daño físico que se ha hecho a las escuelas, sino la desesperación que siente una generación de alumnos que ve sus esperanzas y futuro destrozados", añade.
HACE FALTA ARRIMAR EL HOMBRO
El informe destaca una serie de iniciativas –como el autoaprendizaje y espacios de aprendizaje ampliados- que pueden ayudar a los niños a estudiar incluso en las circunstancias más desesperadas. No obstante, sostiene que la financiación que recibe este trabajo no es acorde a las crecientes necesidades, pese al hecho de que los niños y padres atrapados en el conflicto identifican de manera contundente la educación como su primera prioridad.
Según el estudio, merece más apoyo especialmente la iniciativa No Lost Generation, lanzada en 2013 por UNICEF y otras organizaciones con las que trabaja para impulsar un mayor apoyo internacional a las necesidades educativas y de protección de los niños afectados por la crisis de Siria.
Además, el informe insta a la comunidad internacional, los gobiernos de acogida, los responsables políticos, el sector privado y otras organizaciones a reducir el número de niños que están fuera de la escuela mediante la ampliación de los servicios educativos informales, especialmente para los niños vulnerables; proporcionar más apoyo a los sistemas nacionales de educación en los países golpeados por el conflicto y las comunidades de acogida, para aumentar los espacios de aprendizaje, contratar y formar profesores y suministrar materiales educativos; y abogar por el reconocimiento y certificación de los servicios educativos no formales en los países afectados por la crisis de Siria.
El informe destaca una serie de iniciativas –como el autoaprendizaje y espacios de aprendizaje ampliados- que pueden ayudar a los niños a estudiar incluso en las circunstancias más desesperadas. No obstante, sostiene que la financiación que recibe este trabajo no es acorde a las crecientes necesidades, pese al hecho de que los niños y padres atrapados en el conflicto identifican de manera contundente la educación como su primera prioridad.
Según el estudio, merece más apoyo especialmente la iniciativa No Lost Generation, lanzada en 2013 por UNICEF y otras organizaciones con las que trabaja para impulsar un mayor apoyo internacional a las necesidades educativas y de protección de los niños afectados por la crisis de Siria.
Además, el informe insta a la comunidad internacional, los gobiernos de acogida, los responsables políticos, el sector privado y otras organizaciones a reducir el número de niños que están fuera de la escuela mediante la ampliación de los servicios educativos informales, especialmente para los niños vulnerables; proporcionar más apoyo a los sistemas nacionales de educación en los países golpeados por el conflicto y las comunidades de acogida, para aumentar los espacios de aprendizaje, contratar y formar profesores y suministrar materiales educativos; y abogar por el reconocimiento y certificación de los servicios educativos no formales en los países afectados por la crisis de Siria.
LA "NUBE" DE OCTUBRE DE 1973.... y otras riadas. José García Reinoso
He tenido el privilegio y la suerte de pasar alguno de los mejores momentos de mi vida en un pueblo tan hermoso como Cádiar -donde nací y viví hasta los 19 años- y mi infancia va unida a los juegos y algarabías de un paraje tan fantástico como son el Molino de Enmedio, sus huertos y prados y todos los atalajes y artefactos relacionados con la molienda, que mis abuelos Paco y María y mis tios Serafín y Domingo ejercían con la maestría del profesional que ha nacido y vivido entre el sonido del agua estrellándose contra la rueda y el rodezno y el eterno run-run de las piedras moliendo trigos, maices y otras semillas.
El Molino, enclavado aprovechando un gran desnivel del terreno, está situado a escasos 100 mts. del río Guadalfeo. Consta del molino propiamente dicho, una vivienda para los molineros y una parata y un prado -arañado al antiguo lecho del río-.
Separando la parata y el prado en su parte norte, hay un gran muro de piedra y cal de unos 10 o 12 mtrs de largo por 2 de ancho y sobresale del terreno casi 2 metros por la parte que da al prado y unos 70 cms por la zona de la parata. Arranca en la pared de una antigua almazara y tiene una inclinación en diagonal hacía el río. Me contaba mi abuela Ascensión, que élla, de muy pequeña había visto cómo se construía este muro y cómo el sorprendía que bajaran las piedras para hacer los cimientos con sogas y algunos se preguntaban que para qué esa obra tan aparentemente inútil.
Muchos años después, Carmen la Molinera -parienta nuestra- me contaba como siendo élla una niña, vivía con sus padres y hermanos en este molino. Una terrible tormenta desatada en la sierra hizo crecer -como tantas veces- el río hasta desbordarse, salirse de su cauce y arrasar con cuanto encontraba a su paso. Se torció al llegar a la Piedra Encantá y se dirigió con todo su ímpetu hasta hasta la Vereilla y el molino, pero ay, allí le estaba esperando aquel balate inútil, oculto bajo la tierra de los prados.. Aquella noche, el río desenterró y se estrelló contra aquella muralla y salvó al Molino y parte la calle Baja, pues la sabia inclinación del muro reencauzó, otra vez el agua hasta la boca del Rincón. Y la "muralla" aún está tal cual la dejo aquella riada de los primeros años del pasado siglo XX.
Nos situamos ahora en 1973, un año terriblemente seco, muchas semillas y cereales no llegaron a fructificar bien, a nosotros se nos secaron dos inmensos bancales de habichuelas en El Portel por no poder regarlas. Con mi hermano Paco, sacábamos el agua a cubos de una zanja hecha en el barranco del Calvario y la echábamos a la acequia del Portel mientras mi padre intentaba regar lo que podia. Aquel año agrícola fué un desastre. Ante este panorama, mi padre se fué una temporada a Gerona, a trabajar en "la vía" para que -tantos como éramos en casa- pudiésemos seguir comiendo y pagando pequeñas deudas que teníamos -nada más que en "botica" -sin seguridad social- gastábamos casi 25000 pesetas de las de entonces. Las habichuelas se secaron y los maices se perdieron igualmente por falta de agua.
La almendra tampoco servía mucho, pero había buena cosecha y hubo que recogerla. Con mi padre en Gerona, mi Antonio con 14 años cuidándose de las vacas y mi madre y mis hermanos pequeños en Cádiar, así que mi Paco y yo nos fuimos al cortijo Los Guitarras a recoger la almendra, mi buena abuela Ascensión se vino con nosotros para hacernos de comer y ayudarnos en lo que podia, era una anciana de 75 años.
El 18 octubre , fue día de mercado en Cádiar, y aquella tarde bajé yo con dos mulos cargados de almendra hasta la casa del pueblo, para poner a secarla en las cámaras y traerme de vuelta al cortijo algunas cosillas que mi madre habría comprado en el mercado. Descargué y extendí la almendra, arreglé y dí de comer a los mulos, ayudé a mi hermano a ordeñar las vacas, cenamos algo y me acosté rendido por el cansancio de tanto trajín. Al rato me despierta mi madre espantada:levantaté y baja, que el agua de la calle está entrando a las cuadras. Me desperté sobresaltado, enormes truenos, terribles relámpagos iluminaban lo que empezaba a ser un desastre, el bramar sordo del río cercano nos indicaba que se había salido de madre. Con un candil bajamos a las cuadras y el espectáculo era dantestco, las vacas tiritando con el agua hasta las ubres, los mulos con el agua hasta los corvejones intentando subirse a los pesebres, las cabras y los marranos con el agua que casi los cubría, y una espesa capa de granizo flotando sobre el agua. Arranqué de cuajo la rejilla taponada que recogía el agua de la calle, ya dejó de entrar,a los corrales. Desperté a mi tio Pepe, que vivía al lado y aún no se había enterado de lo que estaba pasando. Sacamos a los animales y los llevamos a las cuadras de su casa... empezó a llegar el día y pudimos ver cómo el río se "comía" un camión de manzanas golden , cogidas aquel día y guardadas en un cortijillo de los prados de los Ocaña, cómo se llevaba la enorme caldera de cocer los tomillos en los prados de los Caracoles y cómo el río estaba a 10 mts de mi casa, no había luz ni agua corriente... toda bajaba por el río.... en fin, en cuanto pudimos y amainó la tormenta, mi tio Pepe y yo emprendimos el camino del cortijo para busca a mi abuela y mi Paco, nos los encontramos por los Barranquillos después de sortear ramblas y barrancos inundados. Para atravesar la Rambla de la Cuesta Guitarra, mi Paco, con el agua hasta la rodilla, hubo de echarse a cuestas a la pobre abuelita, que se había pasado la noche rezando y vigilando que aquel aguacero no dañara el cortijo. Cuando mi padre, en Gerona, vió la rambla de Albuñol y el desastre de la Rábita en la tele, intentó llamar por teléfono pero la linea estaba cortada, deseperado, acudió a un cuartelillo de la guardía civil y allí por radio les habían informado que en Cádiar no había habido víctimas y ya respiró tranquilo y a la que pudo rapidamente volvió.
Los daños materiales sufridos fueron inmensos, nosotros cuantificamos más de un millón de pesetas de la época en pérdidas.... nos indemnizaron con 35000 pesetas. Harto mi padre ya, de tanto trabajar y tan poco beneficio, decidió que nos vinieramos a Cataluña... y aquí seguimos. La "nube" fué la gota que colmó y derramó un vaso demasiado lleno, sacrificios, trabajeras, penalidades..... y pobreza, al fin.
El Molino, enclavado aprovechando un gran desnivel del terreno, está situado a escasos 100 mts. del río Guadalfeo. Consta del molino propiamente dicho, una vivienda para los molineros y una parata y un prado -arañado al antiguo lecho del río-.
Separando la parata y el prado en su parte norte, hay un gran muro de piedra y cal de unos 10 o 12 mtrs de largo por 2 de ancho y sobresale del terreno casi 2 metros por la parte que da al prado y unos 70 cms por la zona de la parata. Arranca en la pared de una antigua almazara y tiene una inclinación en diagonal hacía el río. Me contaba mi abuela Ascensión, que élla, de muy pequeña había visto cómo se construía este muro y cómo el sorprendía que bajaran las piedras para hacer los cimientos con sogas y algunos se preguntaban que para qué esa obra tan aparentemente inútil.
Muchos años después, Carmen la Molinera -parienta nuestra- me contaba como siendo élla una niña, vivía con sus padres y hermanos en este molino. Una terrible tormenta desatada en la sierra hizo crecer -como tantas veces- el río hasta desbordarse, salirse de su cauce y arrasar con cuanto encontraba a su paso. Se torció al llegar a la Piedra Encantá y se dirigió con todo su ímpetu hasta hasta la Vereilla y el molino, pero ay, allí le estaba esperando aquel balate inútil, oculto bajo la tierra de los prados.. Aquella noche, el río desenterró y se estrelló contra aquella muralla y salvó al Molino y parte la calle Baja, pues la sabia inclinación del muro reencauzó, otra vez el agua hasta la boca del Rincón. Y la "muralla" aún está tal cual la dejo aquella riada de los primeros años del pasado siglo XX.
Nos situamos ahora en 1973, un año terriblemente seco, muchas semillas y cereales no llegaron a fructificar bien, a nosotros se nos secaron dos inmensos bancales de habichuelas en El Portel por no poder regarlas. Con mi hermano Paco, sacábamos el agua a cubos de una zanja hecha en el barranco del Calvario y la echábamos a la acequia del Portel mientras mi padre intentaba regar lo que podia. Aquel año agrícola fué un desastre. Ante este panorama, mi padre se fué una temporada a Gerona, a trabajar en "la vía" para que -tantos como éramos en casa- pudiésemos seguir comiendo y pagando pequeñas deudas que teníamos -nada más que en "botica" -sin seguridad social- gastábamos casi 25000 pesetas de las de entonces. Las habichuelas se secaron y los maices se perdieron igualmente por falta de agua.
La almendra tampoco servía mucho, pero había buena cosecha y hubo que recogerla. Con mi padre en Gerona, mi Antonio con 14 años cuidándose de las vacas y mi madre y mis hermanos pequeños en Cádiar, así que mi Paco y yo nos fuimos al cortijo Los Guitarras a recoger la almendra, mi buena abuela Ascensión se vino con nosotros para hacernos de comer y ayudarnos en lo que podia, era una anciana de 75 años.
El 18 octubre , fue día de mercado en Cádiar, y aquella tarde bajé yo con dos mulos cargados de almendra hasta la casa del pueblo, para poner a secarla en las cámaras y traerme de vuelta al cortijo algunas cosillas que mi madre habría comprado en el mercado. Descargué y extendí la almendra, arreglé y dí de comer a los mulos, ayudé a mi hermano a ordeñar las vacas, cenamos algo y me acosté rendido por el cansancio de tanto trajín. Al rato me despierta mi madre espantada:levantaté y baja, que el agua de la calle está entrando a las cuadras. Me desperté sobresaltado, enormes truenos, terribles relámpagos iluminaban lo que empezaba a ser un desastre, el bramar sordo del río cercano nos indicaba que se había salido de madre. Con un candil bajamos a las cuadras y el espectáculo era dantestco, las vacas tiritando con el agua hasta las ubres, los mulos con el agua hasta los corvejones intentando subirse a los pesebres, las cabras y los marranos con el agua que casi los cubría, y una espesa capa de granizo flotando sobre el agua. Arranqué de cuajo la rejilla taponada que recogía el agua de la calle, ya dejó de entrar,a los corrales. Desperté a mi tio Pepe, que vivía al lado y aún no se había enterado de lo que estaba pasando. Sacamos a los animales y los llevamos a las cuadras de su casa... empezó a llegar el día y pudimos ver cómo el río se "comía" un camión de manzanas golden , cogidas aquel día y guardadas en un cortijillo de los prados de los Ocaña, cómo se llevaba la enorme caldera de cocer los tomillos en los prados de los Caracoles y cómo el río estaba a 10 mts de mi casa, no había luz ni agua corriente... toda bajaba por el río.... en fin, en cuanto pudimos y amainó la tormenta, mi tio Pepe y yo emprendimos el camino del cortijo para busca a mi abuela y mi Paco, nos los encontramos por los Barranquillos después de sortear ramblas y barrancos inundados. Para atravesar la Rambla de la Cuesta Guitarra, mi Paco, con el agua hasta la rodilla, hubo de echarse a cuestas a la pobre abuelita, que se había pasado la noche rezando y vigilando que aquel aguacero no dañara el cortijo. Cuando mi padre, en Gerona, vió la rambla de Albuñol y el desastre de la Rábita en la tele, intentó llamar por teléfono pero la linea estaba cortada, deseperado, acudió a un cuartelillo de la guardía civil y allí por radio les habían informado que en Cádiar no había habido víctimas y ya respiró tranquilo y a la que pudo rapidamente volvió.
Los daños materiales sufridos fueron inmensos, nosotros cuantificamos más de un millón de pesetas de la época en pérdidas.... nos indemnizaron con 35000 pesetas. Harto mi padre ya, de tanto trabajar y tan poco beneficio, decidió que nos vinieramos a Cataluña... y aquí seguimos. La "nube" fué la gota que colmó y derramó un vaso demasiado lleno, sacrificios, trabajeras, penalidades..... y pobreza, al fin.
Ya tienes que escribir el libro. Gracias Pepe por tus escritos.
domingo, 6 de septiembre de 2015
Niños soldado.
MÁS DE NUEVE MILLONES DE NIÑOS DESDE SUDAMÉRICA HASTA ÁFRICA Y EL SUDESTE ASIÁTICO VIVEN CON SU INFANCIA PERDIDA Y ATENDIENDO RESPONSABILIDADES IMPROPIAS DE SU EDAD. TRABAJO ESCLAVO POR MENOS DE MEDIO DÓLAR AL DÍA PARA MANTENER FAMILIAS EN SITUACIÓN DE MISERIA, FAMILIAS ENTERAS, PADRES, MADRES Y HERMANOS TRABAJANDO EN LAS PEORES TAREAS Y EN LAS MÁS HORRIBLES CONDICIONES.
Desde el trabajo esclavo en minas de oro y esmeraldas en Sudamérica hasta en vertederos de Centroamérica, como el célebre vertedero de "la Chureca" de Nicaragua o trabajos en el campo como niños yunteros o pastores en el África negra o el Magreb, trabajos de servicio doméstico en todo el mundo o en los vertederos tecnológicos de Bangladesh o Indonesia, donde se depositan barcos y productos electrónicos de occidente miles de niños son obligados a trabajar y perder su infancia en estas penosas y peligrosas tareas, o los niños fabricantes de ladrillos de Pakistán, Nepal o Irak o los niños esclavizados en talleres de alfombras en Irán o Afganistán.
El riesgo de muerte por accidentes o agotamiento en las minas es una realidad, el riesgo de contraer enfermedades infecciosas en vertederos o enfermedades como el cáncer en los vertederos tecnológicos por exposición y contacto con productos químicos provenientes de baterías o motores es una realidad así como la muerte por accidentes laborales, si se lesionan perderán lo poco que tengan y su destino será la muerte o la mendicidad, una vida trágica. Muchos de estos niños acabarán en talleres clandestinos o en las fábricas de grandes marcas de ropa y calzado que se desplazaron al sureste asiático y que gracias al trabajo de estos niños esclavos pueden ganar miles de millones y ofrecer ropa barata al consumidor occidental de Estados Unidos y Europa.
Otros niños son entregados por sus padres de forma voluntaria para que realicen labores de servicio domestico o para explotación sexual, como en el caso de los niños Afganos que son obligados a practicar el Bacha Bazi, bailar y tener relaciones sexuales (si se presenta la oportunidad) otros niños o niñas son entregados por sus padres como pago de deuda y se convierten en esclavos temporales del acreedor, que los usará para la tarea que mejor le venga. Otros niños son vendidos a las mafias de tráfico de personas para la explotación laboral o sexual, para mafias de robo de órganos o serán entregados a organizaciones mafiosas, como en Sudamérica, que los convertirán en sicarios (se sabe de niños de once años convertidos en sicarios en Colombia, Venezuela, Brasil u Honduras). La marginalidad les llevará a convertirse en mendigos o adictos a las drogas, drogas baratas como el disolvente, los niños adictos al pegamento son comunes en Latinoamérica o en el Magreb, yo personalmente he tenido la (mala)suerte de toparme con niños adictos al disolvente en Marruecos vagando con un trapo impregnado pegado a la nariz, desorientados y harapientos.
Normalmente los niños esclavos son maltratados por sus patrones, familias para los que trabajan en el servicio domestico a no ser que de la buena salud del esclavo dependa algún tipo de ingreso extra... el maltrato no es solo físico (traducido en malos tratos y palizas) sino psicológico (las vejaciones y amenazas son comunes). Estos niños normalmente caen en fuertes depresiones y pierden su autoestima, otros se escapan y se unen a grupos criminales o forman "comunidades" de niños "desahuciados", como ocurre en los Slum de la India, muchos intentan escapar y son capturados y devueltos a sus "dueños" que les aplicará un severo correctivo que puede llegar incluso a matarles. Otros tantos no pudiendo soportar la presión se quitan la vida. Otros niños son considerados inferiores y por ende desde la infancia estas razas solo conocen la esclavitud, la miseria y la marginalidad como ocurre con los intocables o descastados de la India o las niñas Afganas y Pakistaníes bajo regímenes radicales que no permiten el correcto desarrollo de las niñas, el caso más ejemplar es el de la ganadora del premio nobel de la paz Malala Yusufzai (que sufrió un brutal atentado por parte de los Talibanes).
Miles de niñas son consideradas esclavas familiares para servir de puente para la unión de familias y clanes como en es el caso de los matrimonios infantiles, que se suelen dar en Yemen y otras zonas del sur de Oriente Medio, el futuro de estas niñas es olvidar sus estudios y ser precoces madres y amas de casa. Otras no solo vivirán este trágico destino sino que serán mutiladas, en África la ablación de clítoris es una práctica común en muchas regiones.
Niños soldados. Muchos de estos niños en África serán esclavizados debido a las tremendas tasas de orfandad. El 10% de los niños Africanos son huérfanos de padre y madre y el 20% de los niños son huérfanos de padre o madre. Vemos niños sin pasado, familia y sin futuro que encuentran en los grupos de milicianos yihadistas una familia, respeto y el venenoso sentimiento de amor fraternal de la lucha armada Yihadista. Para ellos, como en el caso de Boko Haram, la yihad y los demás milicianos son su familia, usados por guerrillas africanas serán niños soldados en los peores conflictos de la tierra. Los niños soldados son otra forma de esclavitud, esta militar. Las niñas serán convertidas en esclavas sexuales. En Oriente Medio el grupo terrorista Estado Islámico esclavizó a miles de niños durante sus campañas desde el año 2014. Miles de niños Árabes y Kurdos fueron capturados. Las niñas fueron convertidas en esclavas sexuales o vendidas como esclavas...el paradero de estas niñas se ignora. Los niños fueron convertidos al Islam y radicalizados para combatir en la Yihad, se les ha detectado en Siria.
Save the Children y otras ONG solicitan a occidente un incremento en la lucha contra la explotación infantil de toda clase así como un compromiso a los estados del tercer mundo para que luchen contra la explotación infantil pero el interés de ciertos sectores industriales para la creación de productos o destrucción de los mismos, la baratísima mano de obra infantil en estos países y los pingües beneficios generados a estas compañías así como el poder y la movilidad de las mafias de tráfico de personas y su submundo, el tráfico de niños, hace verdaderamente difícil poner cota a este problema internacional.
Otro mundo es posible
Perseguidos por el hambre, las guerras, la injusticia, la sombra de los poderosos, la religión o el fanatismo, las gentes dejan sus hogares y sus paisajes para adentrarse en geografías, lenguas y culturas distintas en el intento de iniciar una nueva vida o simplemente para salvar el pellejo.

Emigrantes italianos llegando a Buenos Aires en los años 30.
Siempre ha sido así y en todos los tiempos, desde que el hombre empezó a caminar erguido. No debe extrañarnos porque cada uno de nosotros lleva un emigrante dentro, solo hace falta una razón lo suficientemente poderosa o peligrosa para que iniciemos el camino hacia lo ignoto. Todos los países han tenido su éxodo. Españoles a América Latina; irlandeses a Norteamérica: ingleses a Australia; italianos a Argentina; alemanes repartidos desde Canadá a Chile y judíos por todo el mundo, solo por citar algunos ejemplos. Pueblos y ciudades gallegas, asturianas, irlandesas o italianas, se quedaron vacías porque sus hijos marcharon a través de los océanos a buscar una vida mejor en lugares abiertos y libres, donde el espacio y la oportunidad eran posibles.
Europa es vista de esa manera por miles de seres maltratados por la pobreza, la persecución y los locos de siempre. Si antaño otros continentes eran jóvenes y fértiles, ahora Europa se encuentra vieja, cansada y en plena crisis. Pero sigue siendo el lugar donde nacieron las libertades y la democracia, el crisol de la revoluciones, la esperanza para muchas gentes. No podemos defraudarles. No debemos escuchar a los pusilánimes ni a los intolerantes que nos hablan de pérdidas de empleo, masificación de la enseñanza o de la sanidad pública, de esos hándicaps ya se andan ocupando los conservadores europeos desde mucho antes de las últimas oleadas migratorias. Son esas gentes a quienes les conmueven las lágrimas de sus hijos porque ha perdido su equipo de fútbol o se ha casado su estrella favorita, que son capaces de llorar en el cine cuando el pingüino o el pececito de los dibujos animados encuentra al fin a su padre, pero que se muestran indiferentes y distantes ante la fotografía de un niño emigrante de tres años ahogado frente a cualquier playa europea. Son aquellos que dicen que el negocio armamentístico no se puede parar y que hay que seguir armando a los iluminados y a los violentos porque así es la economía de mercado y luego se rasgan las vestiduras porque los negritos del top manta desafían a las autoridades de las playas donde veranean.
Estamos ante un drama terrible, que cada día se cobra vidas humanas. Sin embargo, no se trata simplemente de acoger a cuantos llegan, hay que planear el futuro y tratar de remediar los problemas en su origen. En las tierras africanas, condonando las deudas de la América latina, solventando diplomáticamente la situación en Siria o con la intervención de los organismos internacionales; pero rápido. Tal vez no seamos lo suficientemente fuertes para llegar a todo, pero sí nos alcanza para salvar a la Banca, salvaje y opresora; sí hay dinero para pagar generosamente a miles de políticos inútiles; sí hay medios militares cuando el peligro se cierne sobre naciones con recursos económicos o donde el capital tiene intereses. Somos tan hipócritas como el explotador que se lamenta de que su gato no come bien o porque han bajado sus rendimientos en bolsa por culpa de los chinos, mientras fabrica chocolate pagando una miseria a sus trabajadores y siempre al borde de la ilegalidad sanitaria y laboral.
Tiene que haber un hueco para los que huyen y una esperanza para los que prefieren quedarse en sus lugares y seguir luchando, y el mundo rico y libre tiene sus responsabilidades, no en vano todas esas naciones nuevas o ancestrales fueron colonias europeas y sufrieron opresión, explotación y esclavitud. Mirar hacia otra parte sería traicionar a nuestros propios emigrantes y a la Humanidad.
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