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martes, 8 de septiembre de 2015

Los conflictos en Oriente Medio y el Norte de África dejan a 13 millones de niños fuera de la escuela.

Estamos a las puertas de un nuevo curso escolar, pero no todos los niños del mundo se preocupan en este momento de sus libros y mochilas. Porque, directamente, no pueden ir a clase. Los crecientes conflictos y la convulsión política en Oriente Medio y el Norte de África impiden que más de 13 millones de niños vayan a la escuela, según el informe Educación bajo el fuego publicado este jueves por UNICEF.

El estudio está centrado en el impacto de la violencia en los niños en edad escolar y en los sistemas educativos de nueve países -Siria, Iraq, Líbano, Jordania, Turquía, Yemen, Libia, Sudán y el Estado de Palestina- que se han visto directa o indirectamente afectados por la violencia en los últimos tiempos.
Los ataques a escuelas e instalaciones educativas –a veces deliberados, como los perpetrados por Israel sobre Gaza, donde 216 escuelas fueron alcanzadas por las bombas en el verano de 2014- son uno de los motivos fundamentales por los que los niños no van a clase. Sólo en Siria, Iraq, Yemen y Libia, cerca de 9.000 escuelas están inutilizadas porque han sido dañadas, destruidas, y están siendo utilizadas como refugio para los civiles desplazados o han sido tomadas por las partes del conflicto.

Otro factor para impedir la normal vuelta al cole es el miedo, que lleva a miles de profesores a abandonar sus puestos o hace que los padres no manden a sus hijos a clase por lo que les pueda ocurrir de camino al centro
o en el propio centro.

En Jordania, Líbano y Turquía más de 700.000 niños sirios no pueden ir a la escuela porque la infraestructura educativa nacional está sobrecargada y no puede asumir una carga extra de alumnos.
“Los niños están experimentando el destructivo impacto del conflicto en toda la región”, sostiene Peter Salama, director regional de UNICEF para Oriente Medio y África del Norte. “No es sólo el daño físico que se ha hecho a las escuelas, sino la desesperación que siente una generación de alumnos que ve sus esperanzas y futuro destrozados", añade.
HACE FALTA ARRIMAR EL HOMBRO

El informe destaca una serie de iniciativas –como el autoaprendizaje y espacios de aprendizaje ampliados- que pueden ayudar a los niños a estudiar incluso en las circunstancias más desesperadas. No obstante, sostiene que la financiación que recibe este trabajo no es acorde a las crecientes necesidades, pese al hecho de que los niños y padres atrapados en el conflicto identifican de manera contundente la educación como su primera prioridad.

Según el estudio, merece más apoyo especialmente la iniciativa No Lost Generation, lanzada en 2013 por UNICEF y otras organizaciones con las que trabaja para impulsar un mayor apoyo internacional a las necesidades educativas y de protección de los niños afectados por la crisis de Siria.

Además, el informe insta a la comunidad internacional, los gobiernos de acogida, los responsables políticos, el sector privado y otras organizaciones a reducir el número de niños que están fuera de la escuela mediante la ampliación de los servicios educativos informales, especialmente para los niños vulnerables; proporcionar más apoyo a los sistemas nacionales de educación en los países golpeados por el conflicto y las comunidades de acogida, para aumentar los espacios de aprendizaje, contratar y formar profesores y suministrar materiales educativos; y abogar por el reconocimiento y certificación de los servicios educativos no formales en los países afectados por la crisis de Siria.

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