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domingo, 21 de agosto de 2016

DÍA DE LA PARVA EN LOBRAS.

Copio las palabras de Pepe García Reinoso sobre la parva:
"LA PARVA.... de trigo
Ahora mismo, hay gente curiosa que publica fotos y comentarios sobre la trilla, las parvas etc. También, en algunos pueblos, se celebra "La fiesta de la Parva", como un acontecimiento cultural y social más de los muchos que se celebran durante el verano. Es una bonita forma de que los que no han vivido estos quehaceres, sepan de dónde y cómo sale el trigo, materia básica del pan y otras muchas preparaciones y dulces.
En mi infancia, y en mi casa, se hacían muchas parvas: de cebada, morunas, arbejones, yeros, habas, garbanzos, présules, habichuelas....Pero la más importante era la parva del trigo. No en balde era la que garantizaba el suministro de pan para todo el año. 
Para llegar a la parva había que sembrar el trigo, que se había de sulfatar con sulfato de cobre contra el "tizoncillo", si las lluvias acompañaban, se sembraba pasada la Feria, sino, hasta últimos de noviembre se podía sembrar. Cuando estaba grandecillo había que mancajarlo, a mano, para quitar las malas hierbas -ballicos, carretones, amapolas....-, si se sembraba en la vega había que regarlo alguna vez.
Cuando empezaba a coger color dorado se segaba a mano, para mí el trabajo más duro de todos los que había hecho en el campo. Segar significaba empuñar una hoz con la mano derecha y agarrar un puñado de cañas de trigo con la izquierda; todo el cuerpo inclinado sin apoyo alguno. Durísimo. A esto había que añadir el calor sofocante, las moscas, los terrenos quebrados de nuestra tierra... Se hacían haces y gavillas, atados con el mismo trigo o con "vencejos" hechos con ramas de gayumba, o "coseras" de esparto.
Después había que barcinar, con los mulos, hasta las orillas de la era, donde se colocaba haciendo "jacinas" y dejarlo que se secara.
Una vez bien seco, se quedaba con el dueño o responsable de la era para programar la parva. La tarde anterior se llevaba a la misma era y se "emparvaba", se disponía en círculo, con las espigas hacia dentro.
Al día siguiente, por la mañana temprano, se metían los mulos, primero sueltos para "esfalagar" -desvalijar, deshacer- los haces, dando vueltas alrededor. Después se enganchaban los trillos, donde los hombres se subían y los niños también, agarrados y entre las piernas de nuestros padres o mayores. Los cantos muleros y la juerga eran constantes, el buen ambiente era general y compartido. Una gozada. Finalmente, a veces, se enganchaba "la tabla", una especie de trillo plano pero en vez de rulos llevaba unas cuchillas, para desmenuzar la paja.
Cuando los mulos habían acabado se amontonaba con las horcas de madera, bielgos y palas, se barría la era con escobas de "bolinas" y otros ramajes. Entonces se aventaba, si no había máquina de aventar, se hacía a mano aprovechando el aire. Con la máquina todo era más fácil, con aquel inolvidable sonido, tacatacataca racaraca tacatacata. Había que ir llenando la tolva, unos retirando la paja, otros el trigo, otro mirando las granzas.
La paja se llenaba en herpiles, el trigo en sacos y costales y la era volvía a quedar limpia para la siguiente parva. 
Decía que esta parva era una fiesta y como tal tenía su menú especial. Por la mañana, antes de ir a la era, los hombres tomaban un "piquislabis", vino, café, pan de aceite, higos secos, salchichón y otros embutidos y a veces una sartená tajas de la matanza -si es que se habían podido guardar- entonces no había "apurahorzas" como hoy. 
A media mañana se llevaba a la era una buena fritailla de conejo o bacalao, tortillas, embutidos, cachos de tocino crudo y el vino de la bodega y el agua fresquita de la fuente el Yero, las Grajas, la Zanja o las Cruces -dependiendo de la era-, peros de Simón, peras diversas, ciruelas...
Al medio día se hacía un buen arroz con carne, o un buen "guisaillo de papas y carne", comido con el pan casero -esto es importante- y más embutidos caseros y frutas.
Por la noche, cuando se había encerrado el trigo, se cenaba con tortillas de patatas, ensaladas y gazpachos, asaos de carne, pescado frito o aquellas sardinas que mi madre hacía con acelgas en una cacerola de barro. Años después vinieron "las trilladoras·, que supusieron una revolución en los quehaceres del pueblo. Se acabaron aquellas parvas. Empezaba la mecanización... y la deshumanización de la vida campesina, también Se acababan cantando remerinos en las puertas y placetas y hasta el año que viene, si Dios quiere".





































































































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