Mi hermano Serafín, nuestro ángel que se fue tal día como hoy hace veintidós años. Un ser lleno de luz que sigue iluminando nuestras vidas. Una suerte haber crecido y vivido contigo, aunque a veces discutiéramos por una tontería, y poder seguir sintiéndote vivir dentro de mí. Cuando disfruto de los “regalos” de la vida, sé que lo hacemos juntos, porque tú vives dentro de nosotros. Ser tu hermana fue una bendición para mí, porque aprendí de ti, porque cuando éramos niños tú me cuidabas y me hacías reír con tus cosas, porque jugábamos juntos, porque siempre fuiste muy inteligente y sabías lo que nos gustaba a cada uno de nosotros. Recuerdo lo que disfrutabas con todas las fiestas y tradiciones.
Cuando miro al cielo siempre reconozco la
estrella donde habitas junto a las de papá y mamá y con vuestras
luces seguís alumbrando nuestro camino, recordándonos que el poder para
disfrutar de la vida está dentro de nosotros y que el mejor homenaje que
podemos darte es gozarla como solo tú sabias hacerlo. Por todas las lecciones
que me has enseñado. Añoro el poder oír tu risa, escuchar tu guitarra y reírte
hasta de tu sombra. Gracias por ser mi hermano. Te quiero.
¡Precioso, María! Los que hemos tenido y aún tenemos hermanos nos mueve el alma.
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