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jueves, 11 de abril de 2013

La lluvia que silenció el Sacromonte.

Gracias, Paqui.

[Documental elaborado con motivo de las inundaciones de 1963 en el Sacromonte]
Curro Albayzín resume de forma muy gráfica lo acontecido hace 50 años en el Sacromonte, cuando sus habitantes fueron desalojados del barrio y trasladados a distintos puntos de la ciudad tras el derrumbe de varias cuevas que no aguantaron las intensas lluvias de aquel trágico invierno:“Fue como cuando arrancan un árbol de su sitio y lo llevan a otro lugar, no vuelve a florecer igual”.
Él entonces era un adolescente que vivía con su familia en la que sigue siendo su cueva, en el camino del Sacromonte, donde desemboca el barranco de los Negros y, al igual que la mayoría de vecinos del barrio troglodita, fue obligado a abandonar su hogar. Recuerda, como la peor experiencia de su vida, aquel traslado en camiones que dirigió el sargento Colomera hacia albergues y barracones prefabricados que apenas reunían condiciones de habitabilidad.
El Sacromonte quedó prácticamente desierto. El silencio se adueñó del valle. Se apagó durante un tiempo la voz del cantaor flamenco, el rasgueo de la guitarra y el taconeo de la bailaora que acudía a las zambras. Los turistas tuvieron que suspender sus excursiones al pintoresco barrio troglodita.
Santa Juliana, en Armilla; el Chinarral, el Zaidín, la Virgencica o el propio Ayuntamiento de Granada sirvieron de alojamientos improvisados a cientos de familias gitanas (y también payas) que se quedaron sin vivienda. Muy pocas regresaron al Sacromonte. La mayoría optó por probar suerte en una zona de expansión urbanística que emergió tras el desastre, lo que hoy se conoce como la zona norte de Granada.
Fueron tres meses de intensas lluvias con momentos trágicos, como la muerte a principios de enero de tres vecinos que vivían en una cueva del barranco Bermejo, en la carretera de la Sierra; la de un padre y su hijo de tres años que quedaron sepultados cuando trataban de salir de su cueva en el Sacromonte y cuyos cuerpos aparecieron abrazados; o el desbordamiento del Genil, que se cobraría la vida de dos personas en el peor invierno que se recuerda. ‘El día más lluvioso del siglo’, tituló un 16 de febrero de 1963 el diario Patria con impresionantes fotografías del Genil desbordado.

Mil millones de pérdidas y 7.000 damnificados

Al precio de dos pesetas el diario granadino Patria, afín a la dictadura, dedicaba su portada del 22 de febrero de 1963 a los daños producidos por las inundaciones en toda la provincia, que se cuantificaron en mil millones de pesetas. El balance de las pérdidas da idea de las dimensiones de una catástrofe que afectó al 5% de la población: 1.662 familias desahuciadas –alrededor de 7.000 personas-, tuvieron que ser evacuadas e instaladas en barracones, albergues y casas provisionales; otras 1.387 familias resistieron los envites del temporal en viviendas precarias. “Granada se queda sin uralitas, sin yeso y sin cañizo” (Diario Patria, 23 de enero de 1963).
Familias como la de Antonia Cortés, que perdió a las dos personas que perecieron en el Sacromonte, en uno de los sucesos que más conmocionó a la opinión pública; o la de Natividad Heredia, en aquellos años bailaora en las zambras del barrio, tuvieron que peregrinar durante años por distintos refugios hasta conseguir una de las primeras viviendas del Polígono, el embrión de lo que hoy es la zona norte de capital.

“Franco ni habló”

La tragedia de cientos de familias, no sólo de Granada sino también de otros lugares de la geografía andaluza, obligó a Franco a visitar un 25 de febrero las zonas siniestradas. Isabel García Jiménez, una de las pocas vecinas que resistió en su cueva, recuerda que el dictador recorrió el Sacromonte a las 8 de la mañana entre fuertes medidas de seguridad. “Llegó con sus buenos coches y su buena policía, delante y detrás, pero no le podíamos tener cariño porque mi padre, el pobre que en gloria esté, permaneció mucho tiempo escondido en el barranco del Abogado, sin haber hecho nada, por miedo a que lo mataran”, explica Isabel.
La única cueva en la que Franco se adentró fue en la de la familia de Mariano García Gallardo, situada el barranco de Puente Mariano. En las imágenes del NODO y en los diarios de la época se puede ver al dictador acompañado del alcalde Manuel Sola Rodríguez Bolívar, junto a la entrada de la cueva, una antigua posada donde en el pasado paraban las diligencias para enganchar los caballos que hacían el recorrido entre Granada y Guadix a través del camino de Beas. “Hubo mucho revuelo porque los de seguridad vinieron y estuvieron mirándolo todo. A mi padre le advirtieron de que, como pasara algo, se le caería el pelo. Franco ni habló”, relata Mariano que entonces se ganaba la vida con un puesto donde vendía maní, caramelos y ‘caldo de gallina’, el tabaco de liar de la época.
Luego heredaría la pequeña tasca de su padre, a un costado de la cueva, donde no parece que pase el tiempo: un quinto de cerveza, 50 céntimos. Sentado en un taburete, Mariano se las ha apañado para tener lo principal a mano, incluida la muleta con la que apenas puede ponerse en pie. Tuerce el gesto cuando recuerda que el entonces alcalde incumplió su palabra de arreglar los desperfectos que sufrió la cueva. “Dijo que iba a venir a los dos o tres días pero no hizo nada. Le costó los dineros a mi padre”.

Barracones en lugar de casas

La familia de Mariano fue de las pocas que pudo permanecer en el Sacromonte. No así la de Natividad Heredia Cortés, entonces una joven de 17 años que a esa edad ya tenía dos hijos y que, cuando podía, bajaba a bailar a las zambras que, al igual que hoy, se poblaban de turistas.
Natividad y su marido, de profesión betunero, lo perdieron todo. En un principio los evacuaron  a una guardería cercana pero pronto los trasladarían al Ayuntamiento de Granada donde permanecieron tres meses. La prensa del Movimiento destacó las siguientes palabras del alcalde cuando permitió que por el salón de plenos se desparramaran los colchones: “Yo instalo mi despacho, si es preciso, en el cabo de guardia, pero estas criaturas no duermen al aire libre”.
La propaganda franquista se encargó durante el desastre de trasladar una imagen de normalización, con ayudas que supuestamente llegaban a los damnificados y casas que se levantaban al tiempo que se desalojaban las infraviviendas. Poco menos que a Franco se le retrató como el salvador que, con “su corazón abierto y compresivo”, recorrió Granada para “conocer y remediar” los problemas de las víctimas. Nada más lejos de la realidad. Los barracones permanecieron en pie durante años.
A casi todas las víctimas del desastre de las lluvias les esperaba aún un largo camino de penalidades hasta acceder  a las casitas bajas que hoy forman parte del polígono de Cartuja. Natividad, acostumbrada a vivir en una cueva sin saneamientos, a acarrear agua en calderos y alumbrarse con un candil, vio el cielo abierto con aquella primera urbanización de la zona norte: “Era un dulce, no como ahora, que tienes que tener rejas en todos los sitios”. Viviendas para gente trabajadora que fueron pagando religiosamente todos los meses hasta hacerse con su propiedad y que las autoridades, con su olvido, las han convertido en un gueto.

Realidad o ficción

¿Y el Sacromonte? Medio siglo después, el barrio troglodita es hoy otro bien distinto. “Ficticio”, en opinión de Curro Albayzín, pese a las mejoras en saneamientos introducidas en buena parte del barrio. Desde su punto de vista, el barrio ha perdido buena parte de su abolengo. “Todo el mundo se pregunta: ¿Por qué no volvisteis? Cuando la gente se encontró con pisos que tenían agua y luz, una serie de comodidades que no se tenían aquí, no quisieron volver. Hubiera costado más barato arreglar el barrio que construir el Polígono y las chabolas”.
Las cuevas de raigambre, las de las zambras, recuperaron más o menos pronto su actividad. Otras muchas cayeron en manos de extranjeros que las compraron por “cuatro gordas”. Pero, pese a las mejoras en las infraestructuras, una parte del barrio, la que tiene que ver con las zonas más elevadas de los barrancos (el de Puente Quebrado, los Negros o el de los Naranjos) presenta problemas por la falta de limpieza. “Están llenos de tierra, lo llevamos denunciando [al Ayuntamiento de Granada y a la Confederación Hidrográfica] 30 años, el día que venga una fuerte lluvia, ese día nos mata”, advierte Curro Albayzín.
El pintoresco Sacromonte es hoy, al igual que hace 50 años, un barrio típicamente turístico que muy posiblemente haya perdido la esencia de la que habla el artista flamenco, pero mantiene el colorido y el atractivo de un lugar agreste, un refugio natural frente a la asimétrica fealdad de las urbanizaciones de las barriadas de la periferia.
Reportaje fotográfico y documental: Jesús Ochando
Edición del documental: Enka Corrales
  • En el siguiente enlace pueden encontrar imágenes de 1963, pertenecientes al NODO, sobre los efectos de las inundaciones en la ciudad de Granada y la visita que realizó Franco al Sacromonte (A partir del minuto 06:38)]
(18-2-2013)

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