Artículo de Antonio Lara Ramos en Ideal.
La creación del Ateneo de Granada en 1925 supuso para la ciudad una bocanada de aire fresco en el panorama cultural, que la conectaba con las vanguardias culturales, literarias y artísticas que se promovieron en Europa en el periodo de entreguerras.
El 7 de febrero de 1926, el recién estrenado domicilio social quedó instalado en la calle Varela, n.º 6, “un edificio de clásica arquitectura y de carácter granadino, que es sin disputa una de las pocas viviendas interesantes que quedan en Granada” y que congregaba “los más prestigiosos elementos de la vida intelectual de Granada” (El Defensor de Granada, 9/02/1926). La actividad en la nueva sede se inició con un ciclo de conferencias a cargo de la “juventud intelectual granadina”, puesto en marcha el 13 de febrero con la conferencia: “La imagen poética de don Luis de Góngora”, a cargo de Federico García Lorca.
Aquel trabajo literario sería expuesto también por nuestro poeta en la Residencia de Estudiantes en diciembre del 27, dirigido“a sus compañeros de residencia en los cursos de vulgarización por ellos organizados”, y que el propio Lorca advertiría, al ser publicado en la revista ‘Residencia’ (1932), “que se trata de una conferencia de vulgarización para un público más o menos alejado de estas cuestiones literarias”, sin responder “exactamente al criterio actual del conferenciante sobre las cuestiones gongorinas”. El texto sufriría algunas correcciones del autor en las sucesivas versiones publicadas.
¿Con esta conferencia del Ateneo, la atracción de otros poetas del panorama literario español, se pusieron las bases de la Generación del 27? Entendemos que sí. Que la pronunciara casi dos años antes en el Ateneo granadino, que elevara a Góngora a figura estelar, que congregara a lo mejor de la poesía española, nos impele a pesar que la proyección de esta disertación gongorina fue clave para la movilización y el apoyo al estudio crítico-literario de Lorca, que derivaría en aquella generación tan ilustre de la cultura española.
Las referencias a este acto en El Defensor de Granada (14/02/1926) resaltan la brillantez de la lección pronunciada por un poeta “que une a su juventud un nuevo concepto de la lírica”. Y añadía: “Espíritu inquieto, delicado, pleno de emoción, García Lorca es hoy una de las figuras más interesantes y más intensas de la poesía española. Va en la vanguardia del movimiento literario, tiene una personalidad ya definida y es una de las promesas más fecundas de la lírica moderna”.
Lorca rechazaba “la critica equivocada y sin luz que se ha hecho sobre Góngora en todos los tiempos”, siendo la principal y verdadera causa que “su revolución lírica fue la nativa necesidad de una belleza nueva, que llevó al insigne cordobés a un nuevo modelado del idioma”. Inventaba Góngora por primera vez en el castellano —según testimoniaba Federico— “un método para plasmar las metáforas”, lo que implicaba que “la eternidad de un poema depende de la calidad y trabazón de sus metáforas”. Figura literaria que ensalzaba “la belleza de su obra..., limpia de realidades que mueren; metáfora con espíritu escultórico y situada en un ambiente extra-atmosférico”. Imágenes gongorinas que subyugaban a nuestro poeta, avezado maestro en este recurso de imágenes poéticas —tan frecuentes en su obra posterior: Poeta en Nueva York y las otras que le siguen—. Federico se vería reflejado en la poética de Góngora.
Este alegato a la figura de Luis de Góngora, en un texto mecanografiado, elevó la poética gongorina a lo sublime: “...hace con los elementos de la naturaleza nuevos dioses de poder ilimitado... Al agua y al aire les da forma concreta, oído y sentimiento… Es un poeta de una pieza y su estética es inalterable, dogmática”. Exaltación que le impulsaría a agregar: “Más que a Cervantes, se puede llamar al poeta padre de nuestro idioma, y, sin embargo, hasta este año la Academia Española no lo ha declarado autoridad de la Lengua”. Y añade, hablando de sus Soledades: “Este gran poema resume todo el sentimiento lírico pastoril de los poetas españoles que le antecedieron. El sueño bucólico, que soñó Cervantes y no logró fijar plenamente, y la Arcadia que Lope de Vega no supo iluminar con luces permanentes, las dibuja de manera rotunda don Luis de Góngora”.
Federico había puesto las bases teóricas del discurso sobre Góngora* para la posterior reunión de poetas —16-17/diciembre/1927— en el Ateneo de Sevilla. Una generación estelar rendida al poeta cordobés en el tercer centenario de su muerte bajo la premisa de una conferencia dictada en el Ateneo de Granada casi dos años antes. Acudieron, junto a Lorca, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Jorge Guillén, José Bergamín, Rafael Alberti, Mauricio Bacarisse o Juan Chabás, con el patrocinio del torero Ignacio Sánchez Mejías. Estuvo también Luis Cernuda, entre el público. No asistieron Pedro Salinas, Vicente Aleixandre, Emilio Prados o Manuel Altolaguirre, aunque se sumaron al acontecimiento.
Lorca lideró aquel encuentro. Tenía un duende especial. Decía Salinas: “Siempre con su séquito. Le seguíamos todos, porque él era la fiesta, la alegría que se nos plantaba allí de sopetón y no había más remedio que seguirla”. Lorca, líder en lo social y paladín en la poética, arrastró a los demás en la revitalización de la figura de Góngora y al homenaje que se le procesó en 1927 en Sevilla.
Este año, cincuentenario del primer ‘5 a las 5’ de 1976 y centenario de la conferencia sobre Góngora dictada por Federico en el Ateneo de Granada, pensamos que esta institución ateneísta se erige en origen, como entonces, de la actual celebración del Centenario de la Generación del 27.
*Artículo publicado en Ideal, 07/06/2026
No hay comentarios:
Publicar un comentario