... y el día de los "finaos", trompos y guitas a los terraos.
En mis tiempos de infancia, hace más de 60 años, tengo 67- era lo que se decía en llegando este día, el 2 de noviembre. En aquel tiempo, los rituales se cumplían a rajatabla y no sé por qué motivo, se dejaba de jugar al trompo y era cuando empezaban los juegos de invierno:, la liebre, la banderola, el escondite, el boli, la barra, el salto la paloma, los santos, el aro, la lima....Enumerar y explicar todos estos juegos darían para una enciclopedia, jeje. Todos estos eran juegos de niños, porque entonces la filosofía del momento era que: los niños con los niños y las niñas con las niñas. En la escuela estábamos igualmente separados.
Las niñas también tenían sus juegos, siempre más sedentarios y amables que la brutalidad que rezumaban algunos de los juegos de niños: el ramal, la rueda, el diabolo, el teje, los alfilericos, la pelota y por supuesto, las casicas, comidicas....
Los pocos juegos que compartíamos ambos sexos eran el meceor, durante las matanzas y las ruedas. Preciosas las coplas de meceor: Debajo de aquel puente, había un penitente, comiendo pan de aceite. Le pedí una sopica, no me la quiso dar. Fui al corral, me encontré un dedal, se lo di a mi tía, pa la última mecía!!. Cerecica cerezón, que viene el diablo con un tizón, apartando a los más chicos y a los más grandes del meceor..
De las ruedas había muchas, algunas veces nos picábamos los unos con los otros y mientra las niñas cantaban: A mi novio lo cogí, lo puse en un plato fino. Los gatos se lo comieron, creyendo que era tocino.... la carámbita caramba, la carámbita y olé que las niñas de este pueblo sí que saben cantar bien. A lo que los niños respondíamos: Eres más fea que un chucho, más negra que una morcilla, más derecha que una "joz", ¿qué quieres más que te diga?
Otra que cantaban y en la que escogían a una niña para ponerla en el centro de la rueda era: ¿Qué será ese ruidito, que se siente por ahí?. Que de día, que de noche, que no nos deja dormir. Somos las estudiantinas que venimos de estudiar, la capilla, la capilla de la Virgen del Pilar. Y con pañuelos de oro y con pañuelos de plata, que se quite, que se ponga la de la mantilla blanca. Esta no la quiero por fea y pelona, esta me la llevo por guapa y hermosa, que parece una rosa, que parece un clavel. Terminada de escoger, zapatillos sin correa para la que es menester, esta es, esta és y esta es. Esto lo cantaban recitando cada frase mientras tocaban la cabeza de una niña, hasta que al acabar la coplilla se sacaba a la última niña tocada.
Cuando jugaban "al ramal" -la comba- cantaban varias mientras saltaban, entre ellas el "ese o": Ese o, sopa de arroz, pimiento morrón, que pica y que rabia, que toca la guitarra, que toca el tambor, que viene D. Simón a poner la colección... colección una, colección dos.... y así hasta contar hasta 10 o 12. Otra era: Una, dos y tres, pluma tintero y papel, para escribirle una carta a mi querido Miguel, en la carta le decía, recuerdos para María, recuerdos para Isabel, que una, que dos y que tres. También estaba "el ron": pan, vino y tocino, una copa de vino, una copa de aguardiente¡¡Fuerte, fuerte, fuerte!! y había que saltar más que un cigarrón.
Cuando jugaban a la pelota: Si yo fuera jardinera, cucús, trastrás, flores te regalaría, cucús trastrás, pero como no lo soy, cucús trastrás, te felicito en tu día, cucús trastrás.
Los niños cantábamos poco mientras jugábamos, a lo más, algún versillo para dar tiempo a que se escondieran los jugadores cuando jugábamos a cucú o a tatí. Mientras el que se encargaría de "pillar" a los que se escondían, con los ojos tapados recitaba unos versos y alguno le respondía mientras se escondía: ¿Tiene pájaros el nío? pájaros tiene. ¿Están volantones?, volantones están. ¿Echo a mi rey?, échelo usté. ¿Y si los pillas?, pillaos están. Ahí va mi gavilan, con cuatro uñas de gato. Como no me traigas carne, las orejas te las saco.
Ahora vemos las celebraciones de estos días con el importado Hallowen de las Américas. En fin, los tiempos cambian y que cada cual se divierta como le plazca, pero nosotros teníamos a los espíritus de los muertos que la noche del 1 al 2 de noviembre abandonaban sus tumbas en el cementerio y deambulaban por las calles del pueblo sin ser vistos, aunque los podías sentir cerca. Para espantarlos, durante toda la noche doblaban las campanas de la torre, mientras se tostaban castañas y se comían con buenos tragos de aguardiente de en ca Los Laras o Rosendo Martínez, antiguas destilerías de Cádiar.
También teníamos nuestras procesiones de la Santa Compaña, que desfilaban a media noche por los barrancos del pueblo, vestidas y cubiertas de blanco, con una vela encendida mientras recitaban letanías en latín.
También había "los fantasmas" que se aparecían en los callejones oscuros y los tinaos a vigilar entradas y salidas de amantes infieles que les ponían los cuernos.
Qué decir de "las encantás" que vivían encerradas en algunos tajos. famosas fueron las del tajo El Portel y la de La Piedra Encantá, donde el puente de Tímar y que todavía da nombre a ese paraje.
Los mantequeros, otros personajes que buscaban la sangre y las mantecas de los muchachos para curar a los señoricos tísicos de Granada o Almería. Tenías que tener cuidado no alejarte mucho del pueblo, so pena de que te echaran mano y más si estabas rollizo.
Y los muertos que se aparecían a sus familiares reclamando el pago de una "manda" o promesa que habían hecho en vida y habían muerto sin poder cumplirla y hasta que alguien no la cumpliera en su nombre estaban obligados a penar en el Purgatorio. De parte de Dios te pido, que de dónde vienes y qué quieres. Era el mantra que habíamos de decir al espíritu que se nos apareciera, porque ellos no podìan hablar hasta que tú les hablaras. Entonces te decían el motivo de su "aparición", te pedían que cumplieras la manda y cuando lo habías hecho se te volvían a aparecer para darte las gracias y ofrecerte un premio.
En fin, que entonces no teníamos las americanadas del Hallowen, ni puñetera falta que nos hacían. Faena teníamos en poder convivir con tantos personajes fabulosos en un mundo de "realismo mágico", más que en las novelas del García Márquez, jejeje.
¡¡Qué bonica es la inocencia!!, que diría mi madre y qué tiempo tan singular y feliz el que nos tocó vivir.























