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jueves, 25 de junio de 2026

MI RELATO SOBRE EL COLEGIO MENOR FERNANDO CASTELLÓN DE ÓRGIVA.

La importancia del Colegio Menor para la Alpujarra y parte del Valle de Lecrín

Cuando mis amigos salieron del pueblo para estudiar, yo no quería quedarme para tener que vivir una vida que no me gustaba: ser ama de casa, yo quería ser libre e independiente, tener una vida mejor, y para ello tenía que estudiar mucho, conseguir la beca y no perderla. Y, por supuesto, irme al Colegio Menor, que por ahí empezaba todo.

 Hice tercero y cuarto de bachiller por libre, nos preparaban don Antonio y don Eduardo, que eran maestros de mi pueblo. Pero, aunque aprobé en junio, no saqué nota para beca y mis padres estaban haciendo nuestra casa, por lo que no había dinero para ir a estudiar fuera. Mi padre habló con la Madre Méndez, que era la directora del Colegio Menor, y quedaron en que mis padres pagaban una parte y yo tenía que ayudar en el comedor (de esto me enteré mucho tiempo después). Para sexto ya tenía beca, pero seguía ayudando en el comedor a nuestras benditas cocineras.

Así que, con la mayor ilusión, mucha emoción y con la ropa marcada por mí con el número asignado por el Colegio, entré por primera vez, acompañada de mi madre, al lugar donde cumplí mis sueños y fui tan feliz, por un lado, con muy buena vibración y por otro, con miedo a lo desconocido. Pero fue muy fácil hacer amistad porque éramos como una gran familia, así que muy pronto tuve muchos amigos aparte de mis amigos del pueblo. 

En aquellos años convivíamos niños y niñas en el mismo Colegio, cosa impensable si no hubiera sido porque estaba dirigido por la madre Méndez (bajita, rechoncha, diligente y divertida); los educadores (Carvajal, Pino y Serrano), que eran como nuestros tutores y amigos; la madre Concha, que vigilaba el estudio y los dormitorios de las niñas; la madre Emérita, que enseñaba a escribir a máquina y llevaba el coro; la madre María, que se encargaba de los niños y niñas pequeños; la madre Expectación, en la cocina con nuestras cocineras Carmela, Loli y Fina; y nuestro querido Salvador, que estaba para todo.  Y todo bajo el paraguas de la Asociación de Amigos de la Cultura de Órgiva, creo.

 En aquellos años tan difíciles coexistíamos niños y niñas, eso sí, teníamos estudio y dormitorios diferentes, pero coincidíamos en el comedor, en el tiempo libre y en el Instituto (en el que también hicimos muy buenos amigos). Era evidente que teníamos que cumplir normas para que la convivencia fluyera lo mejor posible, pero teníamos mucha libertad de acción.

También hacíamos teatro y musicales con Serrano; excursiones a la nieve, a Salobreña, a Antequera; viajes fin de curso a Córdoba, a Madrid, a Galicia; bailes en la entrada del Colegio; recitales de poesía como el del Romancero gitano de Lorca; deporte, bailes de disfraces y muchas más actividades. De organizarlas se encargaban los educadores con todo el cariño del mundo.

Fue una época preciosa, no solo de mi vida, sino de la de todos los que vivimos aquella hermosa experiencia. Todo sin olvidar que estábamos allí para estudiar, que, por supuesto, teníamos nuestras horas de estudio, las niñas vigiladas por la madre Concha y los niños por los educadores. Y allí tuvimos enseñanza entre iguales (eso que parece hoy tan novedoso); nos ayudábamos unos a otros y, por supuesto, los educadores, las monjas y don Federico, el cura, también nos ayudaban. Lo que allí experimentamos marcó nuestras vidas.

Recuerdo con mucho cariño a las monjas y a los educadores y tengo en la memoria muchas anécdotas y vivencias de aquella época.

 Recuerdo con mucha añoranza el teatro que organizaba Serrano, en el que participaba gente muy buena. Yo solo participé en la comedia de Los Pelópidas (aún recuerdo el nombre porque el montaje y la obra en sí eran muy graciosas, y porque la representamos además de en el Colegio, en el Instituto y en varios pueblos). Los musicales eran una maravilla. Lo hacían genial. Aunque yo no participé en ninguno, los disfrutaba muchísimo.

 Hicimos varias excursiones, todas muy divertidas y gratuitas, me vienen a la memoria la que hicimos a la nieve, aquella que nos llevaron a Salobreña y a su playa, y la que fuimos a los Dólmenes de Antequera. Cada curso hacíamos un viaje de estudios. Para poder ir tenían que firmar nuestros padres y darnos algún dinerillo, aparte de que muchos teníamos que ganar unos duros cogiendo aceitunas y naranjas por Tíjola para ayudarnos a pagar nuestro propio viaje, con una ilusión admirable, porque era la primera vez que veríamos lugares nuevos. Recuerdo con mucha ilusión el viaje a Madrid, que íbamos cantando por las calles: «Hasta los Madriles habemus venio, desde la Alpujarra habemus llegao». Allí fuimos a un teatro de verdad, al gallinero, a ver La vida es sueño, de Calderón, con Juan Diego como actor principal. Aquello fue fantástico, además de porque el actor hacía un papelón, porque Serrano nos lo presentó al finalizar la obra. Realizamos otro viaje a Córdoba y aluciné con la ciudad y, sobre todo, con la Mezquita. Y viajamos también a Galicia, estuvimos viendo la Catedral de Santiago de Compostela; la recuerdo preciosa, inmensa. Vimos el Apóstol subiendo por unos recovecos que daban un poco de miedo. Una noche nos dejaron ir de discoteca en Santiago, ¡aquello sí que fue una pasada! Una noche cenando tenía a la madre Méndez enfrente, y como ella siempre decía que teníamos que pelar la fruta con cuchillo y tenedor, que para eso cada día comía en una mesa del comedor del Colegio, sin querer hice blanco con la naranja en su cara al ir a pincharla con el tenedor. Pero no se lo tomó a mal: se rió, y yo más.

Cuando evoco los bailes en el hall, con la fuentecilla, me río porque nos hartábamos de agua; y es que a cada ratillo invitaba una a beber.  Me acuerdo del genial recital del Romancero gitano de Lorca con mucha emoción porque lo recitaron como verdaderos profesionales y con mucho sentimiento. 

Y aquellos bailes de disfraces en los que nos hacíamos los disfraces con cuatro trapillos; nos salían maravillosos y nos divertíamos muchísimo. 

Los ratos de terraza de las niñas con Loli tocando la guitarra, cantando. Nos contábamos confidencias, nos secábamos el pelo, nos reíamos por cualquier cosa… Eran ratos muy particulares.

Y qué decir de los conciertos de villancicos, cuando íbamos por las calles de Órgiva cantando y pasábamos por las casas de los profesores del Instituto para pedir el aguinaldo a cambio de cantarles el villancico. Aún suena en mi interior uno de aquellos villancicos.

 Recuerdo el día que la madre Méndez nos reunió, muy seria, para comunicarnos la muerte de Franco. Muchos lloraban por el desconcierto, por miedo al futuro, por la seriedad de la madre Méndez, no sé por qué. Yo me sentí libre. Estaba harta y cansada de aquella infancia en blanco y negro. En cuanto terminó la charla, bajé al pueblo y me compré un anillo de lata como conmemoración de la muerte del dictador, que, cuando pude, cambié por uno de plata. A día de hoy, sigo teniendo un anillo de plata en mi mano izquierda.

 Participé en el coro de la madre Emérita y los domingos cantábamos en la Parroquia del pueblo y cuando terminaba la misa nos íbamos a la Ruta, más que nada a escuchar música de las máquinas aquellas que les metías dinero. Pocas veces, pero alguna sí,  nos escaqueábamos de la misa para ir a la Palapa a disfrutar de aquellos momentos musicales. Por cierto, he de decir que entonces nos quedábamos los fines de semana en el Colegio y era cuando disfrutábamos más de la terraza, de tiempo libre, cuando íbamos al campo a sacar unas pesetillas para los viajes. En esos días celebrábamos fiestas, podíamos ver la tele hasta más tarde, podíamos salir del Colegio… En fin, que yo me sentía libre. 

En aquellos años se formaron bastantes parejas y la mayoría de ellas crearon su familia y siguen tan felices. Cómo no recordar a la madre Concha, en el estudio y con el tintineo de las llaves en el dormitorio. Cuando nos cansábamos de estudiar, le decíamos: «¿Madre, puedo ir al servicio?» Y en esos ratillos era cuando aprovechábamos para fumar, aunque fumábamos a escondidas cuando queríamos. Un día me pilló en el servicio fumando, con el cigarro escondido en el bolsillo del babi, y al responderle le eché la bocanada de humo en la cara. Pero tampoco pasó nada, porque estaba el servicio lleno de niñas fumando. En el dormitorio se daba sus paseíllos entre las camarillas y cuando apagaba la luz, si teníamos que repasar para un examen, esperábamos a que cerrara la puerta de su dormitorio para encender la linterna debajo de las mantas con el libro de turno, y casi siempre quedarnos dormidas. Casi todas las noches nos reíamos por cualquier cosa y el castigo consistía en sacarnos del dormitorio, y allí más risa nos daba. En las taquillas teníamos, además de la ropa, algo para picar y a veces olía a matanza, sobre todo después de Navidad. También nos dio clase de Religión en el Instituto y en los exámenes casi todos nos copiábamos, pero ya era como un desafío para ver si nos pillaba. La verdad es que me acuerdo de ella con muchísimo cariño.

Ya he comentado que no podía perder la beca y por eso estudiaba al sol en los patios y por las cercanías del Colegio. Eso no quitaba que como viera u oyera «bullilla», allí estaba yo como una bala.

Tengo que hacer una mención especial a la tiendecilla de María, porque, como dice el refrán, «es de bien nacidos ser agradecidos», y es que María, casi cada tarde, me hacía un bocadillo de mejillones en lata. Yo me lo comía en su comedor, sin pagarle nada; solo le hacía un ratillo de compañía y ella me contaba historias de sus nietos. Era como una abuelita para mí. 

Algunos nos sacamos el título oficial de árbitro de baloncesto, y la madre Méndez nos lo entregó en la entrada del patio de los niños, junto a alguien de Deporte, en un acto muy «oficial». 

En COU, las niñas fuimos de retiro espiritual a una residencia y los niños al Hotel del Duque en Güejar Sierra, lo recuerdo porque lloré mucho y no me gustó nada. 

Después del Colegio nos fuimos a estudiar a Granada. Muchos convivieron en pisos, y nos alegrábamos cuando nos encontrábamos, como la gran familia que éramos.

 Fue tan impactante nuestro paso por el Colegio que conseguimos lo que nos habíamos propuesto. En mi caso, logré ser maestra, ser muy feliz con mis alumnos y tener una vida mejor que la que tuvieron mis padres.

Al cabo de los años coincidí con uno de los educadores como compañera, con el que sigo manteniendo la amistad. 

Tanto es así que creamos una Asociación y cada año nos reunimos el último sábado de octubre en un pueblo diferente, y lo pasamos genial. Disfrutamos mucho del encuentro, de volver a abrazar a los amigos y de vivir el programa que preparan la Directiva y los organizadores para ese día.  Siempre es un día muy especial, muy emotivo, lleno de reencuentros, de hermandad, de recuerdos, de tristeza por los que se han ido, de futuro, de alegría. Muchas gracias a todos, sobre todo a la Junta Directiva, por hacer posible este encuentro tan maravilloso.

 La importancia del Colegio Menor es que fue el pilar fundamental para todas las personas, tanto de la Alpujarra como del Valle de Lecrín, que quisimos estudiar y que, sin él, no hubiésemos podido.

María.


miércoles, 24 de junio de 2026

UN DÍA GENIAL CON LOS COMPIS DE TEATROCIDADES.

 Un día genial. 









 
















PINCELADAS DE MI VIDA ESCOLAR...

 



Gracias a todos mis alumnos y a todos mis compañeros porque me han ido enseñando día a día a ser mejor persona y a seguir pensando que el mejor regalo que le podemos dar a los niños es despertar en ellos el deseo de aprender.

He vivido muchas leyes de educación y nos hemos tenido que adaptar a la ley de turno, pero teniendo muy presente que los niños y niñas son lo más importante de la educación porque son la base de la sociedad. Por ese motivo sigo exigiendo un pacto por la educación de una puñetera vez.


Estoy, pues, en esa etapa a la que mucha gente llama la ‘tercera edad’ pero que en mi caso es la cuarta si considero la infancia feliz en mi Cádiar de nacimiento, correteando por calles y plazas; la de estudiante en Órgiva en el colegio Fernando Castellón y, más tarde, las carreras de maestra y de psicología en Granada; la edad profesional intensa y comprometida que discurrió por Charches, Órgiva, Laroles, Murtas, Carchuna, Torvizcón, Los Laneros y Ugijar; y la que llevo ahora. Aunque de todos y cada uno de los pueblos en los que he estado me he llevado en el corazón un trocito de cada niño, es en Ugijar donde he realizado la mayor parte de mi vida laboral. Allí, en el C.P.R. Sánchez Velayos, hemos disfrutado, hemos reído, hemos trabajado, hemos llorado...
He conocido a compañeros y compañeras fantásticos, luchadores, trabajadores, con pasión e ilusión por su trabajo... que más que compañeros son amigos. De todos he aprendido algo, a todos ellos: GRACIAS, así con mayúscula y mucho ánimo porque tenemos por delante mucho qué cambiar...


Y aquí sigo con mis cosas…

martes, 23 de junio de 2026

FELIZ NOCHE DE SAN JUAN.

 La Noche de San Juan, donde fuego y agua se conjugan para hacer de ésta también la noche más mágica. El 23 de junio al atardecer, las playas se llenan de hogueras y de deseos por cumplir… ¿Quieres saber cómo surgió esta fiesta y por qué se celebra? 


 La fiesta de la Noche de San Juan es de origen pagano y se llevaba a cabo para dar las gracias por la llegada de verano  y para celebrar el día más largo del año (y por ende la noche más corta) y, mediante el encendido de hogueras, se pretendía darle fuerza al sol para que continuara brillando, ya que a partir de esta fecha los días comienzan a acortarse poco a poco. A día de hoy todavía se mantiene esta tradición y, además, se han ido agregando nuevos rituales para hacer que esta noche sea más especial si cabe.


En Cádiar había algunas tradiciones que se cumplían a rajatabla. Ir a lavarse la cara a las doce en punto de la noche a las fuentes del pueblo: el Calvario, el Prado, las Cruces... las muchachas, sobretodo, buscaban ponerse más guapas con aquel agua que en aquella hora tenía propiedades mágicas. 

Los mozuelos robaban macetas de azoteas y balcones y las llevaban a la puerta de sus novias o pretendientas. También las llenaban de ramas de cerezas.

Pero a las que les habían dado calabazas, les tapaban la puerta con ramas de higuera loca, higuerón silvestre, y ortigas, para que el pueblo se enterara de los rifirrafes que había.

Bonitos recuerdos de aquel tiempo que, en cierto modo, se siguen manteniendo.



lunes, 22 de junio de 2026

LA SOCIEDAD: UNA ESCUELA PARA EL FOMENTO DEL ACOSO ESCOLAR (I)*

  


Artículo de Antonio Lara Ramos. 


Terminada la fiesta electoral verborreica —no me confundan con ese que dice ‘se acabó la fiesta’, que solo busca que empiece la suya—, prometidos no sé cuántos mundos ideales, me voy a detener en una promesa que me llamó la atención por lo inusual. Como no he hecho otra cosa en mi vida que no sea estar vinculado a la educación y a la escuela para ‘ganarme el pan con el sudor de mi frente’, además de escribir —aunque de esto no pueda comer, pero sí satisfacer mi otra necesidad: sacar fuera todo lo que me bulle por dentro y así mejorar mi salud mental—, leí en este periódico (IDEAL, 02/05/26) un titular: “Moreno sitúa como una prioridad la lucha contra el acoso escolar”. Lo prometió Juanma Moreno con motivo del Día Internacional de esta lacra social: “Es una de las plagas que triste y desgraciadamente tenemos en occidente, y de manera especial también en Andalucía y en España”.

El entonces candidato muy pronto presidente de la Junta de Andalucía, cuando salga del ‘lío’ o se meta en élmostró sus mejores intenciones llamando a concienciarnos del daño que el bullying provoca a los menores. Pronosticó recurrir a personalidades y “caras populares” de distintos ámbitos para lanzar mensajes de alerta referidos al dolor que causa el acoso, capaz incluso de “matar”. Contará con padres, profesores y otros actores de la comunidad educativa —y añadía— “para evitar el sufrimiento de muchos niños”, del que ni siquiera son conscientes los acosadores. Se me antojó entonces que el presidente se metería en un lío más gordo que tener el aliento en la nuca de Vox y su iluminada ‘prioridad nacional’.

La narrativa del acoso escolar que percibimos en medios de comunicación, ‘opinadores’ e, incluso, algunos docentes se presenta desde una sola derivada: “La escuela, factoría generadora de violencia”, olvidando los muchos factores exógenos existentes. Hablar de “violencia escolar” con tanta ligereza es para que se nos cayera la cara de vergüenza. La escuela es un reflejo de la sociedad donde se inserta y a esta la estamos alimentando con la peor calaña de nuestras miserias humanas. Vivimos en la sociedad de la “violencia estructural”, como definiera el sociólogo Johan Galtung a las desigualdades inmersas en las estructuras sociales, económicas y políticas configuradas en las sociedades modernas, en detrimento de la satisfacción de las necesidades básicas y la dignidad, incluidos valores éticos y morales.

Es obvio que la escuela debe mirar hacia la víctima. Nuestro ejercicio profesional no puede dejarla en una nebulosa de indeterminación, ni que la ‘violencia’ deje de abordarse en el entorno escolar. La protección de la víctima es primordial, pero la mirada rebelde debe proyectarse más allá. Si en otro tiempo muchas conductas vejatorias insertas en las relaciones entre iguales parecían ‘normales’, lejos de los significados que hoy sostenemos, habría que recordar, afortunadamente, que hemos cambiado de paradigma y definimos tales conductas turbadoras como agresiones.

Nuestra mirada tiene que ser más vasta y profunda al analizar el fenómeno del acoso escolar. Con solo mirar fuera de la escuela contemplamos un panorama desolador: películas juveniles donde se retratan estereotipos que normalizan conductas vejatorias, asentándose en las neuronas de niños y jóvenes como modelos conductuales aceptados; imágenes, vídeos o lenguajes en redes sociales, donde la respuesta a un ataque es redoblar el contraataque más despiadado o promover actitudes hostiles y de odio como elemento de defensa ante lo desconocido. Sin duda, la peor escuela para fomentar el acoso escolar. A lo que se suman comportamientos burdos de adultos, lenguaje gestual, comentarios soeces hacia el otro…; repertorio de ‘enseñanzas’ susceptible de imitación. Siendo finalmente reproducido en la escuela por el alumnado en sus relaciones interpersonales.

Violencia potenciada en una sociedad que olvida que existen valores de convivencia y respeto. Sea en la vida pública: políticos deslenguados, escraches a personas o familiares de quien está marcado por una diana —lo que hacía ETA en tiempos de terrorismo—; sean pseudoperiodistas que persiguen y acosan a personas públicas, esperando que suelten alguna palabra de rabia o un mal gesto para luego manipular y tacharlas con las más bajas descalificaciones.

No hay película o serie juvenil donde no aparezcan jóvenes en pandilla mostrando un repertorio de estereotipos negativos: líderes autocráticos y abusones seguidos por una cohorte de ‘pelotas’ que dan pábulo a supuestas ‘actuaciones ingeniosas’ del mandamás —chico o chica—, ejemplificando conductas agresivas, vejatorias, de sometimiento al diferente, al extranjero, al recién llegado al barrio o al instituto, o al que presenta conductas ‘raras’ entendidas como ‘anormales’. Otro sociólogo, Pierre Bourdieu, desarrolló el concepto de ‘violencia simbólica’ en un mundo que funciona mediante lenguajes y códigos determinados, que vemos reproducirse repetitivamente en espacios visuales donde acceden nuestros niños y jóvenes. Se trataría de prácticas y conceptos culturales simbólicos impuestos como jerarquización social mediante la publicidad, el lenguaje o la iconografía visual.

Hablamos con ligereza de ‘violencia escolar’, como si desde la escuela se fomentara, y nos olvidamos con hipocresía de la que se alienta en tantas esferas de una sociedad generadora de individualismo, odio y sumisión como medio y estrategia de dominio. Violencias y hostilidades circulando cerca de nosotros, leídas en un periódico, incubadas en vecinos, políticos, rivales culturales o familias que vuelcan en la escuela traumas, frustraciones o vidas desestabilizadas.

¿De qué sirve que la escuela eduque en valores, en resolución de conflictos mediante diálogo, si luego en entornos familiares, digitales, sociales o políticos cunde el mal ejemplo, la violencia y la grosería?

*Artículo publicado en Ideal, 21/06/2026

ENHORABUENA A SERGIO LÓPEZ, CAMPEÓN DE ANDALUCÍA SUB 18 EN TRIPLE SALTO

 Primos, enhorabuena 👏🏻 👍🏻 😊 


NUESTRA QUERIDA AURORA LUQUE EN EL PAÍS.