Vistas de página en total

martes, 1 de septiembre de 2026

EN ESTOS TIEMPOS DE LOCURA Y BARBARIE ES NECESARIO RECORDAR...

 MEMORIA CONTRA EL OLVIDO: EL TESTIMONIO QUE ROMPIÓ 52 AÑOS DE SILENCIO.

Este testimonio fue registrado en 1997. Claire Martin comparte su relato de supervivencia.

Durante 52 años guardó silencio sobre lo que vivió en los campos de concentración nazis. Aquí están sus palabras:

Me llamo Claire Martin. Hoy es mi cumpleaños. Estoy sentada en mi pequeña habitación en Lyon, y afuera cae la nieve, exactamente igual que en 1941.

Durante 52 años permanecí en silencio. No hablé de ello con mi esposo, ni con mi hijo, ni con mis vecinos. El silencio se convirtió en mi segunda piel, una armadura que me coloqué el día de mi liberación. Pero incluso la armadura se desgasta con el tiempo, y los recuerdos empiezan a pesar más en el pecho que el concreto.

Si hablo hoy es porque pronto no quedará nadie que recuerde la verdad. No la verdad de los libros escolares, llenos de cifras, estrategias y victorias. La verdad vive en el olor a lejía, en la sensación quemante del líquido helado sobre la piel frágil, y en ese instante exacto en que una persona deja de sentirse humana en una sola noche.

Esta no es la historia de una heroína. Es la confesión de una superviviente que todavía se despierta sobresaltada. Antes de que el mundo se rompiera, yo era una joven común.

Vivía en París. Estudiaba en la Facultad de Artes y soñaba con ser profesora de literatura. Amaba los poemas de Victor Hugo y creía, de verdad, que la belleza podía salvar al mundo. Qué ingenuidad.

Mi vida estaba hecha de cosas simples: el olor del pan recién hecho, el chirrido del tranvía, la risa de mi mejor amiga, Marie.

Marie era mi opuesto: vivaz, siempre sonriente, siempre en movimiento. Llevaba una larga trenza rojiza de la que se sentía orgullosa. Hablábamos del verano, de chicos, de libros. No sabíamos que nuestro futuro ya había sido tachado con una línea oscura en algún mapa, dentro de un cuartel alemán...

Cuando comenzó la guerra, no entendimos de inmediato que aquello significaba el fin de nuestras vidas anteriores. Pensábamos que duraría poco. Luego llegaron los bombardeos, el hambre, la ocupación y, finalmente, el día más terrible: el día en que nos detuvieron.

No fue en la ciudad, sino en una zona rural donde nos habían enviado a cavar trincheras.

Estábamos rodeadas. Recuerdo el caos, los ladridos de los perros y ese idioma extraño que cortaba el aire como una cuchilla. Nos empujaron unas contra otras, como si no fuéramos personas. Nadie preguntó nuestros nombres. Dejamos de serlo cuando nos metieron por la fuerza en vagones de carga.

Nunca olvidaré ese tren. No había aire. Íbamos tan apretadas que, cuando alguien dejaba de respirar, su cuerpo permanecía erguido, sostenido por los demás. En un rincón alguien gemía. En otro, alguien rezaba.

Al tercer día llegó un silencio distinto. Un silencio de desesperación. Sin agua, sin comida. Solo una pequeña ventana enrejada cerca del techo, por la que a veces entraba un hilo de luz. Me aferré a esa luz, intentando recordar frases leídas años atrás, pero mi mente estaba vacía. Solo quedaba el miedo.

Marie estaba a mi lado. Me tomó la mano con tanta fuerza que perdí la sensibilidad en los dedos. Susurró que todo estaría bien, que íbamos a trabajar, que éramos jóvenes y fuertes. Intentaba convencerse a sí misma.

Cuando el tren se detuvo, las puertas se abrieron con un estruendo metálico. El aire helado invadió el vagón junto con gritos: ¡Más rápido! Nos obligaron a bajar. A quienes no podían caminar los empujaban con brutalidad. Avancé a trompicones, cegada por los focos.

A mi alrededor perros de guardia, uniformes oscuros y alambre de púas hasta donde alcanzaba la vista. Aún no conocíamos el nombre de ese lugar. Solo sabíamos que habíamos cruzado una frontera sin retorno.

Nos llevaron a un largo edificio de ladrillo. Los vigilantes se burlaban y señalaban. Algunas guardias, impecables, nos observaban con una frialdad inquietante, como si fuéramos objetos. Nos ordenaron quitarnos la ropa allí mismo, bajo el frío, frente a todos.

La humillación fue la primera herramienta. Recuerdo las manos de Marie temblando mientras desabrochaba su abrigo...

Lo llamaban el bautismo. Relato sobre lo que les hicieron a las prisioneras francesas el primer día.

POSTDATA:

Que nunca se olvide esta barbarie. Pero el ser humano y el fascismo siempre repiten la misma historia. El pueblo judío, que fue casi exterminado por los nazis, hoy extermina al pueblo palestino y pasa de ser asesinado a convertirse en asesino con su líder Netanyahu a la cabeza. El fascismo tiene muchas caras.

            Justicia Global.



lunes, 31 de agosto de 2026

Feliz curso.


Agosto languidece y asoma ya septiembre, el mes del volver a empezar. Hace las maletas en silencio, sin dar explicaciones. El sol se pone cada día un poco antes, como si se hubiera cansado y hubiera decidido no quedarse más horas de las necesarias. Aceptar el final de un ciclo es un requisito ineludible para que algo nuevo pueda nacer. 

El verano todavía deja sus colores de atardecer pegado a las paredes para anunciar que llega septiembre. Hasta los grillos y los pájaros cantan ya diferente. 

En los pasillos del colegio ya camina el otoño, despacito, como quien no quiere que nadie lo vea. Llevo días yendo a la escuela que nos espera, como cada septiembre. Vuelvo distinta, con la alegría de la última uva del año, como si enero oliera a tiza. 

Mañana abriremos la puerta a los docentes y la escuela comenzará a bostezar para despertar totalmente el día 10 con la llegada de los pequeños pasos que dan sentido a todo nuestro quehacer. Las sillas los espera mientras las pizarras guardarán silencio. Los cuadernos están listos para que florezcan esas amapolas rebeldes en una primavera de campos blancos. Llegarán con sus mochilas, con manos llenas de un mundo que todavía no les ha hecho daño. Llegarán con un billete de ida, entre dientes que se caen, dibujos torcidos y algún abrazo que aún será necesario. 

Y mientras tanto, en mi maleta rota de recuerdos, yo sigo haciendo hueco a despedidas de solsticio. Sigo esperando con esta mezcla de ilusión y nervios la llegada del año nuevo del profesorado. Esta noche no habrá uvas ni campanadas, pero sigue indemne la ilusión de aquella jovencita que comenzara hace ya 24 años. 

Un abrazo enorme para ti, que vas en mi corazón siempre, también al inicio de este curso.

                             Mi amiga Isa.

sábado, 29 de agosto de 2026

Es lo que hay.


 

Lo estoy haciendo bien, si..y seguro que me he equivocado más de una vez, y que me volveré a equivocar..y que?, se trata de seguir, de sentir, y de vivirlo todo, y adelante, y si me caigo, toca levantarse, y borrón y sonrisa nueva, todo se trata de esto, de caminar a lo largo de eso que llaman vida... Y es lo que hay. 


martes, 25 de agosto de 2026

IMÁGENES ANTIGUAS DE CÁDIAR.


 

PINCELADAS DEL CONCIERTO DE MÚSICA TRADICIONAL DE LOBRAS 2026.

 Enhorabuena a Sixto y tanto al grupo de Lobras como al de Válor.












Homenaje al Día del Lector



“Somos todo el pasado, somos nuestra sangre, somos la gente que hemos visto morir, somos los libros que nos han mejorado, somos gratamente los otros". (Jorge Luis Borges)

Cada 24 de agosto se celebra el Día del Lector, una fecha dedicada a todas las personas que disfrutan leyendo. Este día coincide con el nacimiento del escritor argentino Jorge Luis Borges, uno de los autores más importantes de la literatura en español. Pero más allá de recordar a un gran escritor, esta jornada sirve para reconocer el valor de quienes abren un libro y se dejan llevar por sus páginas.

Leer es mucho más que pasar la vista por unas palabras. Cada lector imagina personajes, lugares, paisajes y emociones de una manera única. Por eso, un mismo libro puede despertar sentimientos diferentes en cada persona. Cuando leemos, no solo seguimos una historia; también la completamos con nuestra imaginación, nuestros recuerdos y nuestras experiencias.

Jorge Luis Borges amaba profundamente los libros. Decía que la lectura era una de las mayores alegrías de la vida. Aunque perdió la vista con el paso de los años, nunca dejó de sentir pasión por la literatura. Su ejemplo nos recuerda que los libros pueden acompañarnos siempre, enseñarnos cosas nuevas y abrir ventanas hacia otros tiempos, otros lugares y otras formas de pensar.

En una época en la que todo parece ir muy deprisa, la lectura nos invita a detenernos un momento. Un libro nos ofrece un espacio de calma en medio del ruido diario. Nos permite reflexionar, aprender, emocionarnos y descubrir ideas que quizás nunca habíamos considerado. Leer es una forma de viajar sin salir de casa y de conocer personas y mundos que de otro modo jamás encontraríamos.

Los libros también tienen la capacidad de cambiar vidas. Hay historias que nos hacen reír, otras que nos conmueven y algunas que nos ayudan a comprender mejor a los demás. Muchas personas recuerdan un libro que marcó una etapa importante de su vida o que les hizo ver las cosas de una manera diferente. Esa es una de las grandes fuerzas de la lectura: nos ayuda a crecer como personas.

El Día del Lector es también una invitación a compartir este hábito. Podemos recomendar un libro a un amigo, regalar una novela, leer un cuento a nuestros hijos o nietos, o simplemente dedicar unos minutos a disfrutar de una buena lectura. No hacen falta grandes celebraciones. A veces, basta con sentarse tranquilamente y abrir un libro.

Gracias a los lectores, las historias siguen vivas generación tras generación. Cada vez que alguien lee una página, un poema o una novela, las palabras vuelven a cobrar vida. Los libros permanecen, pero son los lectores quienes les dan sentido y hacen que continúen acompañando a nuevas personas.

Por eso, el Día del Lector es una ocasión para celebrar el placer de leer y para recordar la importancia de los libros en nuestra vida. Que este 24 de agosto sirva para acercarnos un poco más a la lectura y para valorar a todos aquellos que encuentran en los libros una fuente de conocimiento, compañía, emoción y esperanza.

Porque mientras haya lectores, habrá historias que contar, ideas que descubrir y sueños que imaginar. Y mientras existan libros abiertos, siempre habrá una puerta hacia nuevos horizontes.