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sábado, 12 de septiembre de 2026

AQUELLA FECHA QUE SOLIVIANTÓ EL INICIO DEL SIGLO XXI*



Artículo de Antonio Lara Ramos.

Imposible adivinar, mientras caminaba por la gran avenida, las caras de los jóvenes aparecidos hace unos días en reportajes de televisión mostrando a soldados de aquella guerra del “No a la guerra”. ¿Dónde estarán? Menuda osadía la mía, como si solo fueran jóvenes de Nueva York quienes marcharon a la contienda iniciada un jueves 20 de marzo de 2003 en Irak. Sentía la estúpida necesidad de descubrir los rostros de esa batalla originada dos años antes tras el 11 de septiembre de 2001, cuando dos torres gemelas fueron torpedeadas por aviones suicidas.

Veinticinco años del derrumbe de las Torres Gemelas de Manhattan —hoy Zona Cero del World Trade Center—. Un cuarto de siglo desde que el atentado terrorista del 11S diera un nuevo rumbo a la historia de la humanidad. Cinco lustros… y nuestro mundo tornado en erial de dolor, odio y conflictos bélicos. Lo primero, ponernos una y mil restricciones para viajar, convertirnos en sospechosos de una peligrosidad que ninguno llevábamos dentro; después, la invasión de Irak de la mano del siniestro Trío de las Azores —Bush, Blair y Aznar—, para eliminar inexistentes armas de destrucción masiva. Finalmente, terrorismo en cada rincón del planeta.

Estados Unidos, país extenso y con millones de habitantes, y yo pretendiendo encontrar los rostros de los excombatientes en tierras abrasadas por el sol iraquí. ¡Qué ingenuidad! Me estaba confundiendo. Los soldados de las películas son actores —Tres reyes, Black Hawk derribado, El francotirador, En tierra hostil—, imposible que anduvieran por las avenidas neoyorquinas. ¿Y los vistos en documentales?, aquellos rostros juveniles, otrora maquillados por sudor y polvo del desierto, atravesados por la tensión de la muerte en edades que solo aspiran a vivir, ajenas a cualquier conciencia de la finitud.

A muchos ciudadanos de este país, educados así, les gustan las guerras. Hay quien encuentra un morbo especial en la sangre o, más bien, en las ganancias económicas de la sangre. Muy pocos de los que alguna vez se fueron a pegar tiros se hicieron ricos. Los que se quedan sin ir, pero alientan la guerra, sí suelen hacerse ricos: el negocio de la muerte. El diablo siempre anda suelto.

Y luego más países sumados a las guerras, como las de hoy contra Irán, Ucrania o la genocida de Gaza, exhalando misiles almacenados en sofisticados aviones y naves lanzaderas, cayendo sobre tierras resecas y yermas, donde el agua es un tesoro y no anida la esperanza para millones de personas. Entonces, como ahora, el paisaje sembrado de edificios en ruinas y solares repletos de cascajo y cadáveres de casas habitadas por mujeres, ancianos y niños iraquíes, gazatíes o iraníes. Y mientras, en el Nueva York de espléndidos edificios, altos como jirafas, despertando admiración, compitiendo por ser los más altos de la vecindad, las guerras quedando lejos. Edificios que no se caen, salvo aquellos dos gemelos del bajo Manhattan que adquirieron el aspecto de otros cientos de miles diseminados por el planeta. Ambos dos reducidos a escombros por aviones disfrazados de bombas, tan caros, que con el coste de uno podrían vivir cómodamente durante años ciudades arrasadas por las guerras accionadas por este país que visito.

Aquí no hay guerras, mejor se llevan por el mundo, donde quedan tan alejadas que nadie se preocupa de ellas, ni de los misiles lanzados, ni las personas que mueren, pocas o muchas, da igual. La lejanía nubla el entendimiento. Entretanto, jóvenes estadounidenses bombardean, descargan subfusiles de asalto obscenamente repletos de balas, allá, muy lejos, en el confín del mundo. Aquí no se percibía, ni se percibe, el olor a goma quemada, a polvo cargado de gases metálicos pestilentes, a carne humana abrasada por el fuego al estallido de un misil. ¿A qué olerá todo eso?

Veinticinco años del atentado de las Torres Gemelas, el curso de la historia cambiado y el primer tercio del siglo XXI un páramo borrascoso, vomitando odio y xenofobia, haciendo más pobre a los pobres y más rico a los ricos, con gobernantes crueles que perpetran genocidios con el apoyo de ideologías extremadamente ultraconservadora y egoístas, discriminatorias e insolidarias con la indigencia económica, sin importarles la destrucción del planeta.

Somos ciudadanos de un tiempo impúdicamente alterado desde aquel atentado terrorista. El mundo de la instantaneidad, de la inminencia, de los cambios más acelerados de la historia, de sentirnos aislados como individualidades sobrevenidas, impuestas, aturdidos por tantas desconexiones interpersonales en la era de la conectividad abrumadora, mientras las catástrofes vienen acechantes: guerras, crisis económicas, pandemias, crisis de valores… casi si habernos enterado, dejándonos arrastrar por una sarta de cobardes paranoicos, dementes autocráticos, ególatras… Como si la historia volviera a repetirse. “Un nuevo orden mundial se avecina. No estamos preparados”, escribe la historiadora Margaret MacMillan en un artículo en The New York Times (03/09/2026).

Nunca el planeta, disponiendo de tantos recursos, ha estado plagado de tantas desigualdades y calamidades humanitarias. El mundo no ha mejorado, ni se ha hecho más justo; al contrario, inmunizados ante la catástrofe y el horror, las masacres de seres humanos se antojan relatos de videoclip, ficciones, hasta normalizarlas. Se endurecen los sentimientos, se destierran del corazón, se trivializa el espanto. Todo se ve como una escena de película, con el inocuo convencimiento de que nada de eso es real.

MacMillan, recordando a Camus, dice: “Hoy hay ratas muertas por todas partes… Una guerra mundial no es inevitable, pero la amenaza de un conflicto catastrófico entre potencias grandes y bien armadas está más cerca de lo que ha estado en décadas”.


*Artículo publicado en Ideal, 11/09/2026

viernes, 11 de septiembre de 2026

ALGUNOS PENSAMIENTOS A PROPÓSITO DE LA LECTURA Y EL INFORME PISA 2025 (Por si ayudan a la reflexión)

Excelente análisis de Juan Mata Anaya.

Los resultados del Informe PISA 2025 con respecto a la comprensión lectora tienen poco que ver con las leyes educativas, de modo que podríamos ahorrarnos el bochorno de la intemperancia y las banalidades de los políticos y sus improvisados corifeos a la hora de responsabilizar del fracaso a las leyes del contrario.

. Pensar que la mera redacción de leyes y normas puede transformar el ejercicio de la lectura en los colegios y los institutos es de ilusos, cuando no de irresponsables. 

. Es más que probable que muchos de los que claman estos días contra los malos resultados del Informe PISA ni sean lectores ni les interese lo más mínimo lo que ocurre en los centros escolares. Hacer aspavientos es más fácil que generar pensamientos.     

. Nadie tiene, por mucho que lo pregone, una solución infalible y definitiva para el problema de la lectura, por lo que convendría no incurrir en la mala costumbre de presentarse públicamente como redentor del mundo. 

. Es muy fácil y confortador achacar a los alumnos toda la culpa de sus déficits intelectivos, y en especial de su capacidad de lectura, como si la sociedad en su conjunto no tuviera nada que ver con el asunto. Los adultos son a menudo tan responsables o más de esas carencias. 

. En el aprendizaje de la lectura intervienen múltiples y complejos factores, de manera que resulta estéril centrar las críticas en uno solo de ellos, por lo general el más acorde con los intereses particulares de quienes opinan. 

. El aprendizaje de la lectura no es lineal, ni uniforme, ni evidente, por lo que resulta falaz hablar de alumnas o alumnos en general, como si todos vivieran en la misma familia, en los mismos hogares, en los mismos barrios, en la misma cultura.

. No todos los alumnos entran en los centros escolares en las mismas condiciones. El aprendizaje de la lectura no es una trayectoria que todos recorren a la par y al mismo ritmo. Para unos es como correr en una llanura, para otros es como escalar una montaña. Las desigualdades cuentan.

. La familia es un componente fundamental en el aprendizaje y estímulo de la lectura, pero no a todas se les puede pedir el mismo compromiso ni la misma aptitud. 

. La ubicación, el funcionamiento, los objetivos y las experiencias de los centros escolares juegan un papel determinante en el aprendizaje y promoción de la lectura. No es solo una cuestión de métodos o voluntades. 

. La comprensión lectora no es la consecuencia inmediata de aprender a descifrar. Su dominio es progresivo y constante, y promoverlo es tarea de todos los profesores, sin distinción de especialidades académicas. En cualquier caso, merecería la pena reflexionar qué ocurre (o qué no ocurre) para que a lo largo de los 13 años que dura la enseñanza obligatoria en España haya alumnas y alumnos que no aprendan a leer y escribir como debieran. 

. La formación del profesorado en ese campo es muy mejorable, de modo que no podemos dar por sentado que las prácticas docentes en las aulas con respecto a la lectura son todo lo fructíferas que sería de desear.

. Con respecto a la lectura, la nostalgia no ayuda a entender bien el presente, como tampoco la fatalidad. Cualquier tiempo pasado no siempre fue mejor, cualquier tiempo futuro no tiene por qué ser necesariamente tenebroso. Ni todos los adolescentes de antes eran brillantes y maduros, ni los de ahora son cretinos y montaraces. 

. La lectura es una práctica cultural que no depende únicamente de la escuela, sino que implica al conjunto de la sociedad. No se pueden subestimar las bibliotecas públicas, denigrar públicamente el conocimiento y la razón, hacer de los parlamentos sucedáneos de peleas de gallos, menospreciar a quienes se interesan por la literatura o la danza contemporánea... y luego exigir a los adolescentes altos rendimientos en el campo de la lectura. 

. Achacar las carencias de comprensión lectora solo a la omnipresencia de las pantallas es un tanto simplista. No se puede considerar la desatención o el desinterés de los alumnos actuales como una repentina plaga bíblica o una acelerada mutación genética causada por la adicción al móvil. La transformación social y cultural del mundo es tan profunda y acelerada que centrar la causa de los bajos índices de lectura en un hábito reciente dificulta el entendimiento de lo que en realidad está pasando.  

. Merecería la pena equiparar la situación que afecta a la infancia y la adolescencia con la que sufren los adultos y de la que apenas se habla. Las tecnologías de la información y el entretenimiento son inventos de los mayores, para uso predominante de los mayores, para recreo de los mayores, para enriquecimiento de los mayores, de modo que resulta un tanto farisaico fijarse solo en las repercusiones en los menores.   

. No estaría de más preguntarse qué papel juega en estos resultados la creciente crispación social, la desesperanza de los jóvenes, su precario futuro laboral, las frustrantes promesas de la formación académica, la ansiedad ante el porvenir... Aunque lo parezca, los adolescentes no viven ajenos a las incertidumbres del mundo contemporáneo. 

. Todo lo que rodea a niños y adolescentes influye en la percepción 

del valor de la lectura y el esfuerzo académico. Un vídeo en TikTok prometiendo hacerse rico sin esfuerzo antes de los 18 años puede tener efectos devastadores, puede demoler en unos minutos cientos de horas de esfuerzo docente en favor de los libros y la formación personal.  

. Resulta grotesco que mientras las redes sociales y la conversación pública se llenan de insultos, exabruptos, falacias, bulos, odios y demás lacras se les pida a los adolescentes que lean, mantengan la compostura, se muestren atentos y curiosos, amen el estudio, se entusiasmen con el conocimiento. 

. La estimación social de la lectura es mínima, roza casi el desdén, lo que no impide sin embargo que se exija a los alumnos excelentes resultados en las pruebas de comprensión lectora. Tal vez las evaluaciones del Informe PISA deberían incluir la hipocresía entre sus variables.

. Convendría no escribir sobre este asunto con brocha gorda de pintor, sino con pincel de calígrafo, y tampoco solo con tinta negra, sino de distintos colores, de ese modo el paisaje quedaría reflejado con mayor precisión. 

. A la hora de analizar los resultados, pero sobre todo la realidad, sería bueno tratar de no confundir verdad, fantasía y deseo. Y, por supuesto, no incurrir en la obtusa tentación de pensar que la culpa de esta situación es de los demás. 

. El diálogo sereno y confiado de la sociedad en su conjunto es el camino más seguro para resolver este problema acuciante, cuya solución no es fácil, ni rápida, ni inequívoca, ni concluyente.

martes, 8 de septiembre de 2026

España se desploma en PISA y los alumnos tienen “dificultades” con textos de más de 400 palabras por culpa de las pantallas.

 No creo que los quince años sea la mejor edad para testar el grado de competencias educativas de los chavales como determinan las pruebas por las que se elaboran los informes PISA. Tampoco creo que estas pruebas sean "palabra de dios". Sí marcan tendencias y detectan carencias y problemas. Pienso que no solo es un problema de esfuerzo y sistema sino de entornos sociales muy determinantes.

  Dice el último informe PISA que los alumnos españoles van cada vez peor. No son los únicos, para mal consuelo. Dicen que es un problema general de la enseñanza. Parece que el problema está en la comprensión lectora que les resulta compleja en textos algo largos o que requieren atención minuciosa. Aseguran los expertos que se produce porque la cultura digital y de la imagen reduce la capacidad de concentrarse ante un texto y el uso cotidiano de pantallas donde todo transcurre al instante desentrena la atención y la reflexión.

Por algún sitio habrá que empezar a solucionar el problema 

https://www.eldiario.es/sociedad/espana-desploma-pisa-alumnos-dificultades-textos-400-palabras-culpa-pantallas_1_13492888.html

domingo, 6 de septiembre de 2026

HOMENAJE AL LUPI 2026.

 Una noche mágica. Gracias a Larry por organizar y reunir a tan buena gente en Los Lupis. Enhorabuena a todos ellos porque son geniales. Enhorabuena a "los nuevos Lupis" porque lo que tienen de pequeños en edad lo tienen de grandes en arte y poderío.. Gracias también a todos los colaboradores por una noche  tan especial y, por supuesto a Alicia, Jorge y familia. 































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