Han participado los grupos de música de Lobras y Órgiva. Ha sido una velada hermosa. Enhorabuena. Gracias a Sixto, a los grupos, al Ayuntamiento de Lobras y a los Mayordomos.
Destruir una escuela, un hospital, matanza de civiles indefensos, la vida despreciada… lo que cada día perpetra el ejército de Israel en Gaza. La insaciable sed de venganza bíblica, y no bíblica. El sábado día 10 Israel bombardeó, en el barrio de Al Daraj de Gaza capital, otra escuela más repleta de desplazados, con la excusa de que había milicianos de Hamás. Un centenar de asesinados, incluidos niños y ancianos. Una responsabilidad compartida por Estados Unidos, el gran valedor de Netanyahu. No hay mentira que cien años dure, mas esperemos que la desgracia tampoco.
Las elecciones presidenciales de EE UU calientan motores. El escenario ha cambiado con la designación de Kamala Harris como candidata del partido demócrata. Biden naufragó en la confusión en el debate celebrado en Atlanta (finales de junio), como desvaría con su apoyo al Israel de las continuas masacres. Imaginamos los múltiples intereses que están detrás de este apoyo, pero la vida de las personas es mucho más valiosa.
Las elecciones de noviembre se presentan, al igual que en 2016, con dos formas dispares de entender el mundo, ahora, si cabe, más extremas que nunca en la historia de Estados Unidos. Siempre rivalizaron dos posiciones —republicana y demócrata— pero en una línea liberal, con posicionamientos desiguales en cuanto a coberturas sociales o política exterior —configuración de su supremacía internacional y geoestratégica—. Desde 2016 el modelo republicano de la derecha clásica se ha roto, una ola ultraderechista lo está sepultando. El partido republicano ha sido devorado por la denominada derecha reptiliana liderada por Donald Trump, quien, sin complejos, llena su discurso de teorías conspirativas y postulados generadores de una ‘nueva cultura’ defensora del ‘acientifismo’ y ‘terraplanismo’, censuradora de millares de libros, utilizando la mentira y la posverdad, la que es aceptada como dogma del líder —utilizada ya por la estrategia hitleriana—, o señalando chivos expiatorios, enemigos de la nación a quienes perseguir.
Medio mundo vive con el corazón encogido ante esta cita electoral. Razones no faltan. Los demócratas, como su líder Biden, han mostrado durante su mandato excesiva debilidad o escasa definición de sus políticas; por su parte, los republicanos han pasado a convertirse en un partido ultra, sin principios, sometido a un magnate que como presidente casi acaba con la democracia más sólida del planeta y que como candidato no ceja en su empeño de amoldarla a su estrambótica y esperpéntica imagen, tildándola de constructo político obsoleto, elitista e incompetente, un individuo al que no le preocupan los demás, solo su ego. El futuro inmediato no se presenta muy esperanzador, a los tambores de guerra generalizada se suma el deterioro de las democracias occidentales, el sistema político-social que ha dado estabilidad al mundo desde la Segunda Guerra Mundial.
Si Kamala Harris y la justicia no lo remedian, Trump amenaza con volver a la Casa Blanca. Nuevamente la ordinariez, el disparate y la inmoralidad aposentados en el poder, pero ahora con el resabio de quien regurgita constantemente su ‘injusto’ desalojo de 2020. La política excéntrica convertida en pesadilla en la primera potencia del planeta. Un enemigo de la democracia, como lo demostró negando los resultados electorales y azuzando el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021. La tesis del libro Cómo mueren las democracias (2018), de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, sigue vigente: una de las causas del declive de la democracia se vincula al acceso al poder de quienes no creen en ella, erosionan sus prácticas y las creencias y valores que la sustentan, hasta reducirla a lo accesorio, a lo no relevante, a desprestigiarla instalando el virus antidemocrático en ese elenco de seguidores desencantados, deseosos de que llegue un Mesías que acabe con el establishment. El populismo neofascista de Trump es un peligro para la democracia, como la motosierra de Milei, no será el salvador que traerá la moralidad y la ética que supuestamente ha devaluado la élite a la que critica.
El triunfo de Biden en 2020 fue acogido como la salvación de una democracia amenazada. Sin embargo, su debilidad en la toma de decisiones políticas —problemas migratorios, deterioro económico, política exterior errática...— ha sido patente: manteniendo las lamentables persecuciones de inmigrantes en la frontera mexicana, fracasando en el apoyo a Ucrania, apoyando la ignominiosa represalia de Israel contra Gaza, permitiendo el flagrante genocidio cometido o reprimiendo las protestas estudiantiles contra las masacres cometidas, como la de la Universidad de Columbia, la que acogió a Federico García Lorca en 1929.
Seguimos hablando de elecciones, naciones, gobiernos, ciudadanía y, acaso, tendríamos que hablar de emporios económicos, marcas registradas o multinacionales que tanto influyen, incluso en nosotros, haciéndonos fieles servidores y fuerza viva del neoliberalismo que los guía. Quizás el poder no esté en esos líderes o sus discursos amañados con relatos interesados que luego votamos.
Las autarquías que ahora conocemos: Rusia, Israel, Venezuela, Nicaragua... provienen de procesos electorales que las auparon al poder antes de desvelar su auténtica cara. Si Trump ganara las próximas elecciones presidenciales, ¿estaría tentado a modificar la XXII Enmienda de la Constitución de EE UU, que limita los mandatos del presidente a solo dos, para mantenerse en el poder?
El freno ala indecencia que nos rodea, acaso no pueda ponerlo la política tradicional, pero quien seguro no lo hará es la marabunta de populismo, fascistoide o no, que nos asola. Esperemos que Kamala Harris contenga a Trump, porque a este césar se lo tragarán todos, incluidos nosotros, los europeos.
Allá por el año 2002 se programaba por vez primera el espectáculo Lorca y Granada en los Jardines del Generalife, una creación de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía para mostrar la relación entre Federico García Lorca y el flamenco en Granada, con el objetivo de mostrar un espectáculo de grandes dimensiones para las noches de la Alhambra de Granada.
Habitualmente, se está programando parte del mes de julio de todos los veranos, así como todas las noches del mes de agosto, en un enclave único en el mundo, los Jardines del Generalife. Por lo que se convierte en una experiencia musical, flamenca, histórica y arquitectónica, difícil de evadir para cualquier persona amante de estos reclamos artísticos.
La Junta de Andalucía suele apostar por artistas andaluces, en general, y granadinos, en particular. Entre los que han aportado sus creaciones artísticas, se encuentran Antonino Gades, Cristina Hoyos, Mario Maya, Pepa Gamboa, José Antonio, Rubén Olmo, Rafael Amargo, Ballet Flamenco de Andalucía, Eva Yerbabuena, Rafaela Carrasco, Arcángel, María Terremoto, Úrsula López, Manuel Lombo y José Carlos Plaza o José Antonio, entre otros.
El 13 de julio de 1936, Federico García Lorca dejó Madrid y puso rumbo a su Granada natal. En la madrugada de aquel mismo día, un grupo de milicianos socialistas había matado al líder derechista José Calvo Sotelo. El crimen había sido una represalia por el asesinato del teniente socialista José del Castillo a manos de cuatro pistoleros de extrema derecha unas horas antes.
A cinco días de la sublevación militar que daría paso a la guerra civil, el clima de violencia inminente era asfixiante, y los rumores de que pronto habría un golpe de estado corrían sin control. España estaba a punto de escribir su capítulo más sangriento, y Lorca sospechaba que algunos lo tenían en su lista negra.
Así, el poeta español más popular del momento buscó refugio en la tierra que lo había visto nacer… y que acabaría traicionándolo. Acababa de cumplir 38 años.
A lo largo de su vida, Federico García Lorca desarrolló una empatía especial hacia las clases desfavorecidas; pero lo cierto es que él era hijo del privilegio. Nació a las 12 de la noche del 5 de junio de 1898, en Fuente Vaqueros, un pueblo de la provincia de Granada.
Su padre era don Federico García Rodríguez, un terrateniente adinerado, y su madre era doña Vicenta Lorca Romero, una maestra de escuela que alimentó el gusto de su hijo por la literatura. Después de Federico, el matrimonio tuvo cuatro hijos más: Luis, Francisco, Concha e Isabel.
Los García Lorca eran, junto con los Alba y los Roldán, una de las familias más pudientes de la vega granadina. El niño creció en la Andalucía rural, rodeado de imágenes, historias y personajes que influirían en su obra toda su vida. En una entrevista, Federico resumió así sus primeros años de vida en Fuente Vaqueros:
“Mi infancia es la obsesión de unos cubiertos de plata (…), es aprender letras y música con mi madre, ser un niño rico en el pueblo, un mandón”.
Federico se crió entre niñeras y profesores, jugando con títeres, tocando el piano y corriendo entre árboles, dando rienda suelta a una imaginación extraordinaria que nunca lo abandonaría.