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jueves, 3 de septiembre de 2026

MI TITE JORGE.



Ayer nos despedimos de una buena persona en el sentido más puro de la palabra.
 
Mi tite Jorge, nacido en La Rambla del Banco, fue un hombre que dedicó su vida entera al trabajo y al bienestar de los suyos; un molinero entregado, una persona polifacética que demostró que el amor no solo se habla, sino que se trabaja día a día. Todo lo que construyó y todo lo que fue, lo hizo por sus hijos, dejando en ellos su mejor legado.

Para mi madre, él no solo era un hermano; era un pilar fundamental. Se querían muchísimo, con ese cariño sincero y arraigado que solo el tiempo y las vivencias compartidas pueden forjar.
 
Esa bondad que lo caracterizaba no se limitaba a su hogar; fue un hombre generoso y atento con cada persona que se cruzó en su camino.

Nos queda la pena de no haber podido celebrar esa reunión de la familia López que tanto planeamos y que se quedó suspendida en el tiempo. También me acompaña el dolor de ese "te quiero" que la rutina o el pudor dejaron sin pronunciar en voz alta. Sin embargo, sé que el amor se entiende más allá de las palabras.

Siempre guardaré en el corazón: el recordatorio constante de que yo nací justo el día en que él llegó a Cádiar, recién licenciado de la mili. Ese día nuestras vidas se cruzaron para siempre en un hermoso hilo temporal que la muerte no puede romper.

Buen viaje, tite Jorge. Tu bondad y tu recuerdo se quedan con nosotros para siempre.

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