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viernes, 9 de octubre de 2026

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL NOS AYUDA, ¿HASTA DÓNDE?*

 Artículo de Antonio Lara Ramos en Ideal. 


Algunos gigantes tecnológicos liderados por Anthropic consideran que el ritmo de desarrollo de la Inteligencia Artificial debe ralentizarse ante los hipotéticos riesgos de un desarrollo desbocado. A ello se han sumado OpenAI y SpaceXAI, el proyecto de Elon Musk, ¡quién lo diría! Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic, ha vaticinado el peligro de “perder el control de los sistemas”, consecuencia de un uso “indebido de la IA para ciberataques y bioterrorismo”, causando “graves trastornos económicos”. Otros, como Nvidia, están en desacuerdo y no consideran que haya que frenar el ritmo.

Que sean estos líderes tecnológicos los que hablan de ralentizar el desarrollo de la IA y poner controles es un síntoma de lo que ellos vislumbran como incontrolable, que contrasta con los dirigentes políticos de EE UU o China que no están por la labor. Es evidente que en ello los intereses existentes son a la vez inescrutables y sospechosos.

No hace tanto suscitamos un breve debate sobre ponerle freno a la Inteligencia Artificial en una conversación apresurada e informal que mantuve con Francisco Herrera entre recitales poético-musicales, al hilo de su artículo publicado en IDEAL —30/08/2026—: “La IA nos ayuda. ¿A qué nos habitúa?”. Ambos compartimos la pasión por la educación y el aprendizaje de las generaciones jóvenes: él en el ámbito universitario, yo en el resto de la etapas del sistema educativo. Mezclamos tantas cosas que finalmente me lanzó un reto: “Escribe un artículo que hable del tema en educación”. Recojo el guante.

Unas fechas más tarde —IDEAL, 20/09/2026—, Herrera volvió sobre el tema: “La inteligencia artificial y el trabajo: el valor de seguir pensando”. En este escribía: “Hasta ahora, pensar y producir un buen trabajo estaban estrechamente unidos: para obtener un resultado valioso había que comprender el problema, adquirir experiencia, ensayar soluciones, equivocarse y aprender. La inteligencia artificial empieza a debilitar esa conexión. Podemos obtener resultados cada vez mejores sin haber realizado necesariamente el proceso cognitivo que antes los hacía posibles”.

Al mundo de la educación han llegado todos los adelantos tecnológicos generados en los últimos decenios: calculadoras, informática, internet, herramientas digitales de gamificación, evaluación, gestión o creación de contenidos, y siempre se ha suscitado el mismo revuelo entre quienes sostienen la conveniencia de una irrupción global en estructuras organizativas y procesos de enseñanza-aprendizaje —lo que se entiende como deslumbramiento pedagógico a primera vista—, y quienes mantienen un cauto reparo para asimilarlos de modo integrador, sin que se alteren los ritmos educativos ya consolidados.

En educación estos temas no se pueden tomar a la ligera, sin menoscabo de que obviamente sean contemplados, y así ocurre con cambios tecnológicos y sociales introduciéndolos en el currículo cambiante. Distinto es el tratamiento educativo que de ellos habremos de hacer en procesos donde el horizonte formativo de las generaciones jóvenes se la juega. La reflexión debe imperar siempre como anticipo a cualquier aplicación de lo novedoso.

Las teorías cognitivas han tratado de dar una explicación a los procesos de aprendizaje de niños y jóvenes. Jean Piaget hablaba de etapas del desarrollo intelectual y sus características definitorias; Jerome Bruner postulaba por el aprendizaje por descubrimiento y David Ausubel por el aprendizaje significativo. Vygotsky, en su caso, decía, desde la perspectiva cognitiva, que los procesos mentales superiores, desarrollados desde los básicos —atención, percepción, memoria...—, se desarrollaban fundamentalmente por dos premisas: interacción social y desarrollo cerebral. En la necesidad de trabajar estos procesos mentales superiores cabe la activación de funciones cerebrales que ayuden a procesar la información: lenguaje, percepción, memoria, resolución de problemas o razonamiento.

Conocer la IA es importante en educación, los jóvenes deben aproximarse a ella como un activo que llega a sus vidas irremediablemente, pero pretender sustituir los procesos cognitivos que han de activarse en esas edades formativas por la IA es un dislate.

El desarrollo evolutivo y cognitivo de niños y jóvenes tiene que realizarse activando todas las facultades mentales que serán parte de la maduración de sus neuronas y la interconexión de las mismas. Recurrir a la IA para obtener un producto elaborado, con más o menos acierto, es coadyuvar a que la comodidad se instale en sus procedimientos y hábitos intelectuales, y que los mecanismos cognitivos no encuentren el campo abonado donde desarrollarse. El estudio es una actividad intelectual, a la que se le puede prestar ayuda mediante la resolución de ciertos problemas complejos, pero no podemos dejar que las estructuras cerebrales dejen de verse favorecidas por un entrenamiento adecuado, sobre todo a unas edades en que el mecanismo cognitivo está en fase de maduración.

En educación debemos convivir con la IA, pero no quedar sometidos a ella. El alumnado para sus tareas no necesita un producto final proporcionado, necesita ser el sujeto protagonista del proceso que le lleve a esa meta final mediante la ejecución de facultades cognitivas consecuencia de una actividad intelectual propia que las desarrolle. Comparto con Paco Herrera sus palabras sobre el peligro de habituarse a delegar en la búsqueda de información y conocimiento, y acomodarse a la “dependencia pasiva en la colaboración entre humanos y sistemas de IA”.

El currículo escolar está plagado de propuestas avivadoras de funciones cognitivas como medio para activar procesos de reflexión, razonamiento, discernimiento y discriminación: buscar, seleccionar, tratar y organizar información; conocer y valorar; describir y apreciar; tomar conciencia; comprender e interpretar; indagar, argumentar y elaborar; identificar y analizar críticamente...

¿Realmente esos magnates tecnológicos piensan en todo esto por lo que postulan los docentes a diario cuando trabajan en la formación de las jóvenes generaciones?


*Artículo publicado en Ideal, 08/10/2026

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