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jueves, 23 de enero de 2025

Deconstruir el mundo, artículo de Antonio Lara Ramos en Ideal.

 No voy a utilizar la manida frase de que vivimos tiempos difíciles para referirme a los tiempos que corren. Pero tampoco voy a esconder que las incertidumbres que nos asaltan no son el mejor panorama que podríamos desear. Sí diré que compartimos tiempos en que nuestra conciencia ciudadana —y colectiva— anda bastante debilitada. 

Nos manejamos con conceptos de modernidad y posmodernidad en un intento de explicar los cambios que suceden ante nosotros. Somos como cualquiera de las generaciones que nos precedieron desde la Antigüedad: buscamos respuestas a preguntas que tal vez no tienen una sola respuesta. Por eso siempre acudimos a quienes son capaces de pergeñar explicaciones, más o menos acertadas, a las innumerables dudas que ensombrecen el devenir de nuestra existencia de seres racionales, provistos de una conciencia atormentada deseosa de encontrar razones.

Cogito ergo sum, proposición con la que Descartes abre un universo ligado al objeto más inmediato de nuestra conciencia. Sin el pensamiento sería imposible encontrar respuestas sobre nosotros mismos. La dificultad es esa: encontrar respuestas. En esta época de turbulencias no es descabellado recurrir a los clásicos para aclarar los hitos del ahora. Platón sugería a su maestro —Apología de Sócrates— declarar: “Una vida sin examen no es digna de ser vivida por el hombre”. 

La modernidad configuró nuestra visión del mundo con cada cambio histórico —Ilustración, Revolución Francesa, Liberalismo, revoluciones industriales...—, desde el Renacimiento hasta su crisis en el convulso siglo XX: dos guerras mundiales, conflictos bélicos locales, descolonización y transformaciones en todos los órdenes de la vida. Tras la segunda gran guerra se abre el nuevo tiempo de la posmodernidad, materializada en nuevas concepciones y visiones artísticas, culturales, literarias o filosóficas, que con la publicación de La condición posmoderna (1979) de Jean-François Lyotard parece generalizarse como concepto.

La modernidad había fracasado y la posmodernidad traería otro paradigma capaz de proponer nueva visión del mundo. Conceptos como libertad, moralidad, ética o ideología serían sometidos a continua revisión, menos universal, más asociada a interpretaciones personales. Como si la razón dejara de presidir nuestro pensamiento y el discurso derivara a posiciones más liberadoras: una libertad que postulaba mayor individualismo —el ‘yo’ frente al ‘nosotros’—. La modernidad tachada de fracaso de la humanidad por mantener verdades inamovibles que regían, no obstante, patrones de injusticia: ideologías autoritarias o legitimación de la explotación colonial. La posmodernidad traía otras ‘verdades’ que debilitaban a la persona: libertad sin límites y a la carta, pensamiento y conciencia alejados del pensamiento crítico, decadencia de la ética y moral públicas, asunción de un neoliberalismo sin escrúpulos y un relativismo en las ideas que cuestionaba valores básicos de convivencia, respeto o búsqueda del bien común. 

Llegado el primer tercio del siglo XXI el mundo se transforma, se relativiza la ética y la moralidad, lo cívico pasa a considerarse obstáculo para la libertad personal, y se menoscaban los espacios compartidos y democráticos. La igualdad, desde una óptica individualizada, ya no es compromiso esencial para convivir, priman los intereses personales frente al perjuicio causado a los demás, se genera un descrédito de las instituciones, factor colectivo de nuestra convivencia: ‘para qué las queremos, nosotros somos nuestra guía’. Se educa a la juventud vaciándola de pensamiento y capacidad crítica, se adiestra en la transgresión de las normas: lo importante son tus ‘alas’, no los demás.

Jacques Derrida impulsó el deconstructivismo. Sus ideas se extendieron desde los años ochenta del pasado siglo como un paradigma que postulaba la deconstrucción del mundo, su disección en una amalgama de escenarios inconexos, cuestionando lo conocido hasta entonces, pues se necesitaba otro nuevo enfoque alejado de los postulados hegelianos que cohesionaban las sociedades. El deconstructivismo caló en el arte, el pensamiento, la educación o la política, fortaleciendo mundos imaginados o realidades paralelas que escapaban a la lógica, a la ciencia o a la razón. La verdad ya no era una aspiración absoluta porque existía la posverdad, la que cada cual construye para sí mismo y para que los demás la asuman. 

La realidad tergiversada o la imposición de realidades son hoy parte de ese mundo dominado por los relatos, las mentiras o los bulos. El triunfo de la posverdad que, por ejemplo, es alentada por las grandes plataformas de redes sociales (Facebook, Telegram o X) sin poner límites a la falsedad o la patraña, permitiendo que la pseudoinformación se propague. Su influencia sobre un desierto dominado por la ‘incapacidad crítica’ permite al histriónico Elon Musk comprar Twitter y consentir en X la propagación de bulos, o que Mark Zuckerberg haya eliminado los verificadores en Meta, alineándose con el retornado presidente de EE UU, Donald Trump, cuando años atrás pedía disculpas por la desinformación que circulaba en Instagram y Facebook, convencido de que la moderación de contenidos ahora no es lo que toca.

El triunfo de Trump es el triunfo de la deconstrucción del mundo de hoy, consistente en reconstruir el que quiere, donde la verdad es arrinconada y la insolencia y el descaro triunfan. El sentido humanista de la vida es dilapidado frente al negacionismo de la ciencia, el terraplanismo, el creacionismo o cualquier otra idea medieval.

Cuando la palabra es manipulada, deja de ser símbolo de la verdad. No es de extrañar que recurramos al pensamiento de los estoicos tardíos: el emperador Marco Aurelio (Meditaciones) o al esclavo filósofo Epicteto (Manual de vida) para alumbrarnos: “A los hombres no le turban las cosas, sino las opiniones que hacen de ellas”.

 *Artículo publicado en Ideal, 22/01/2025.

lunes, 20 de enero de 2025

CUANDO PIERDES A TU MADRE,


Cuando pierdes a tu madre, pierdes a la persona que más te quiso, la que mejor te conocía, la que todo lo perdonaba, la que te quitaba los miedos, la que te buscaba cuando andabas perdida.

Cuando pierdes a tu madre, nadie te recuerda que te abrigues si hace frío, ni te llama cada dos horas para preguntarte si estás mejor cuando estés mal y cuando hagas las cosas mal, la gente se enfada y tienes que pedir perdón, porque solo tu madre aguantaba tu mal carácter y te quería hasta en tus peores días.

Cuando pierdes a tu madre, la echas de menos cada Navidad, en cada cumpleaños, cada vez que te pase algo bueno quieres hablar con ella para contárselo, en cada tropiezo y te das cuenta que su silla está vacía y que jamás volverá a estar a tu lado.

Cuando pierdes a tu madre hay personas que te conocen pero nadie como ella, hay mucha gente que te quiere, pero no te quieren como ella te quería.

Cuando pierdes a tu madre el mundo es un poco más triste, más extraño, más pequeño.

Pero sé que es la Estrella más brillante.

“C A R P E D I E M"

En el año 8 a.c. murió el poeta romano Quinto Horacio Flaco, simplemente "Horacio". Según los entendidos, Horatius, el más grande poeta lírico....

Autor de la frase: “Carpe Diem”

("Aprovecha el día"). 

La frase se hizo famosa en la película: “La Sociedad de los poetas muertos” a raíz de un poema del gran Walt Whitman.  

Aquí el poema:

"CARPE DIEM"

Aprovecha el día. 

No dejes que termine 

sin haber crecido un poco, 

sin haber sido feliz, 

sin haber alimentado tus sueños. 


No te dejes vencer por el desaliento. 

No permitas que nadie 

te quite el derecho de expresarte, 

que es casi un deber.


No abandones tus ansias 

de hacer de tu vida 

algo extraordinario... 


No dejes de creer 

que las palabras y la poesía, 

sí pueden cambiar el mundo; 

porque, pase lo que pase, 

nuestra esencia está intacta. 


Somos seres humanos llenos de pasión, 

la vida es desierto y es oasis. 

Nos derriba, nos lastima, 

nos convierte en protagonistas 

de nuestra propia historia. 


Aunque el viento sople en contra, 

la poderosa obra continúa. 

Y tú puedes aportar una estrofa...


No dejes nunca de soñar, porque solo en sueños puede ser libre el hombre. 


No caigas en el peor de los errores: el silencio. 

La mayoría vive en un 

silencio espantoso. 

No te resignes, huye... 


"Yo emito mi alarido 

por los tejados de este mundo", dice el poeta; 

valora la belleza de las cosas simples, 

se puede hacer poesía 

sobre las pequeñas cosas. 


No traiciones tus creencias, 

todos merecemos ser aceptados. 

No podemos remar 

en contra de nosotros mismos, 

eso transforma la vida en un infierno. 


Disfruta del pánico que provoca tener la vida por delante. 

Vívela intensamente, sin mediocridades.


Piensa que en ti está el futuro, 

y asume la tarea con orgullo 

y sin  miedo. 


Aprende de quienes pueden enseñarte. 

Las experiencias de quienes se alimentaron de nuestros Poetas Muertos te ayudarán a caminar por la vida. 


La sociedad de hoy somos nosotros, los Poetas Vivos.

¡No permitas que la vida te pase a ti, sin que tú la vivas!


Todos los días las legiones romanas a las 6 de la mañana saludaban con el grito:


¡Carpe Diem!

LAS COSTURERAS.

   


“En el corazón de este pueblo, se alza una estatua que rinde homenaje a aquellas manos que transformaron sueños en telas, historias en costuras. Esta figura representa a las costureras, mujeres cuya dedicación y esfuerzo construyeron no solo prendas, sino también esperanza en tiempos difíciles. El sonido de la máquina de coser no era solo un ritmo, era una sinfonía de lucha y superación.

Más que un monumento, esta estatua es un símbolo de gratitud hacia las generaciones que, puntada tras puntada, tejieron el pasado que sostiene nuestro presente. Caminar por esta calle no es solo recorrer un espacio, es viajar al alma del trabajo artesanal que nos recuerda la belleza de lo hecho a mano".

     Cogido de Internet.

CÁDIAR, NUESTRO PARAÍSO.